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Sánchez triunfa con el mismo porcentaje de votos que hundió a Rubalcaba

El miedo a Vox como palanca para movilizar a la población ideológicamente afín no solo ha dado réditos al PSOE sino también a los independentistas vascos y catalanes.

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Juan Luis Pavón juanluispavon1
29 abr 2019 / 07:50 h - Actualizado: 29 abr 2019 / 12:15 h.
"Elecciones Generales 2019"
  • Sánchez triunfa con el mismo porcentaje de votos que hundió a Rubalcaba

De moción de censura cuando le daban por rival amortizado a victoria electoral manejando el Gobierno y jugando con el calendario. Pedro Sánchez, el gran triunfador en la anticipación de las elecciones generales, ha demostrado audacia y astucia como dirigente político. Siempre le estará agradecido a Mariano Rajoy. El PP se ha hundido en diferido. Y sus estructuras de poder en autonomías y ayuntamientos están temblando porque el próximo 26 de mayo pueden quedarse colgados de la brocha. Porque nunca se ha dirimido una campaña regional y local tan solapada por el efecto llamada de la reconfiguración nacional del espectro político. Con un PSOE a favor de ola para seguir reduciendo el respaldo social a Podemos, a la vez que el PP sale a la palestra con cara de fracasado al que se le nota el miedo de que le pueden quitar hasta el papel de secundario. Castigado por la escisión de Vox y rebasado por Ciudadanos en Madrid y Andalucía.

Cuando hace 11 meses, en mayo de 2018, Pedro Sánchez aprovechó la primera sentencia del 'caso Gürtel' para intentar desbancarle esgrimiendo el estigma de la corrupción en los gobiernos del PP, Rajoy cometió el tremendo error de no presentar su dimisión cuando se malició que el PNV se cambiaba de bando. Dimitir desactivaba el procedimiento de la moción de censura y permitía que el PP mantuviera la iniciativa, y el poder, presentando a otra persona para investirla (probablemente una de las dos irreconciliables, Soraya Sáenz de Santamaría o María Dolores de Cospedal), pudiendo renegociar pactos y componendas. Rajoy no lo hizo, incluso perdió el sentido de la responsabilidad dejando vacío su escaño durante el debate.

El 28 de abril no solo se dirimía en las urnas qué confianza tienen los españoles en Pedro Sánchez como estadista (el que desagrada a Felipe González, Alfonso Guerra y tantos otros socialistas que protagonizaron la Transición). También era la primera vez que se votaba en el resto de España teniendo en mente el fracaso de la estrategia y gobernanza de Rajoy en la excepcional crisis de Estado en Cataluña. Con el bochorno patrio y el ridículo internacional del referéndum ilegal, no descubrir dónde estaba ni una urna, tomarles el pelo sobre la servidumbre de los 'mossos', el sainete de proclamación de independencia, la fuga de Puigdemont, la detención que no sirve para su extradición, el timorato control de la autonomía catalana que deja TV3 durante la convocatoria a nuevas elecciones para la Generalitat en manos de quienes urdieron el complot,... Demasiados sapos que se han tragado millones de españoles. Muchos de los cuales, además, han visto y oído el papelón de Rajoy, Soraya y Zoido en el Tribunal Supremo, declarando como testigos en el juicio a Junqueras & Cía., con una actitud muy poco seria en términos políticos sobre su papel en la cadena de mando para organizar que se impidiera el referéndum ilegal.

Con más altibajos durante el último lustro que en una tarde de parque de atracciones, España está ahora políticamente encabezada por Pedro Sánchez, a quien en octubre de 2016 le defenestraron desde la cúpula de su partido como secretario general del PSOE. Otra paradoja, en lo que va del cambio del bipartidismo al pentapartidismo y lo que ello beneficia o penaliza en la asignación provincial de escaños: con la misma suma de votos y porcentaje de votos que obtuvo Rubalcaba encabezando al PSOE en 2011, y que supuso una derrota tremebunda como castigo a la pésima gestión que hizo Zapatero ante la crisis económica, Sánchez ha ganado las elecciones, refuerza su liderazgo, casi dobla en escaños a su principal contrincante, y para ser investido presidente del Gobierno en segunda vuelta, sin mayoría absoluta, no necesitará el voto a favor de los partidos más incómodos (los independentistas catalanes y vascos). En los comicios de noviembre de 2011, el PSOE con Rubalcaba tuvo 7.003.511 votos, lo que suponía el apoyo del 28,76% de los votantes, y con ese respaldo logró 110 diputados, 76 menos que el PP. En abril de 2019, el PSOE de Pedro Sánchez concita el favor de 7.480.755 votantes, el 28,68% de los que han participado, y así acredita a 123 diputados.

El PSOE que echó a Pedro Sánchez de Ferraz, donde ahora es aclamado como un ídolo, tocó fondo en 2016 con 5.424.709 votos, que era el 22,66% del escrutinio, y 85 diputados. Ha recuperado dos millones de votos gracias a las expectativas que deparó en parte del electorado de centro e izquierda por su inédita manera de provocar una alternancia en La Moncloa; por desactivar la ambición de 'sorpasso' desde Podemos, cuya cúpula dirigente está puesta en solfa desde sus 'confluencias' al no representar a la España regeneracionista y transversal del 15-M, y decepcionar por activa y por pasiva en múltiples cuestiones; y también por su habilidad en instrumentalizar la acción de Gobierno con fines electoralistas. Para sus intereses de partido, la decisión más brillante fue darse cuenta de que la coincidencia de Ciudadanos, PP y Vox promoviendo el acto de Plaza de Colón contra su 'Operación Diálogo' con Torra, el pasado 10 de febrero, en lugar de desgastarle era un regalo que le ponían en bandeja Rivera y Casado posando junto a la ultraderecha: convocar cuanto antes elecciones anticipadas y basar toda su dialéctica en aglutinar el “voto útil” inventando el lema de “las tres derechas de la foto de Colón”.

Pedro Sánchez no reconocerá en público que además de estarle agradecido a Rajoy, también lo está a Santiago Abascal. Éste ha reafirmado desde Vox y en contra del PP la vigencia del refrán “No hay peor cuña que la de la misma madera”. El miedo a Vox como palanca para movilizar a la población ideológicamente afín no solo ha dado réditos al PSOE sino también a los independentistas vascos y catalanes. Es muy preocupante el balance electoral del 28-A en Cataluña. Suben su cuota de poder en España de 17 a 22 diputados y por vez primera la lista más votada en tierras catalanas en una convocatoria nacional es la de un partido que aboga por separarse de España. Para más inri, con Rufián de portavoz en el Congreso de los Diputados. Ciudadanos solo ha tenido la mitad de votos que en diciembre de 2017, cuando Inés Arrimadas abanderó la primera victoria de un partido no nacionalista en elecciones al Parlamento catalán. Es evidente que no supo capitalizar ese respaldo de los catalanes que se sienten españoles, y menos aún con la decisión de 'irse a Madrid'. Y la candidatura de Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona es otro error que desmoraliza y desmoviliza a quienes a diario sufren la ofensiva de los separatistas.

En el amplio capítulo de paradojas, la del PP en Andalucía es de las mayores en el ruedo ibérico. Alcanza con sus peores resultados la presidencia de la comunidad más grande de España, la que siempre se ha identificado a coto del PSOE. Y a los 100 días de su toma de posesión, sigue perdiendo votos pese a protagonizar con Moreno Bonilla la primera alternancia en la Junta, y le supera Ciudadanos, que es su socio de gobierno. Vox no ha dejado de crecer en número de electores en Andalucía. No solo se ha equivocado Pablo Casado poniendo de número 2 en la lista de Madrid a Adolfo Suárez Illana, sin méritos para ese rango relevante, y cuyo mayor 'logro' en su carrera políica fue ser derrotado estrepitosamente en 2003 en las elecciones a la presidencia de Castilla La Mancha. Si Casado creía que los andaluces aspiran a ser representados por un personaje tan anacrónico como Juan José Cortés, número uno en la lista de Huelva, es por la obsesión mediática que confunde la notoriedad con la ejemplaridad.


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