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Los medios y los días

Se busca resistencia para afrontar el mundo

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31 jul 2022 / 04:00 h - Actualizado: 31 jul 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Macarena Olona.
    Macarena Olona.

Me parece que estamos sometiendo a esta máquina que es nuestro cuerpo a una movida muy por encima de sus posibilidades. ¡Qué tiempo tan frenético! No sé ya cuántos cargos de la Junta se largaron a sus casas o a sus trabajos por estrés político. Cuántas depresiones, cuántos suicidios, cuánta melancolía. El humano se volvió sedentario con la agricultura que comenzó hace unos 8.000 o 10.000 años y ahora parece como si haya vuelto al nomadismo y a ser culito de mal asiento. Sin embargo, los que se van digamos que lo hacen para cultivar lechugas en el campo y poder hablar con la familia que luego se va la vida y se preguntan qué narices he hecho además de “triunfar”.

He oído decir que los jóvenes conciben la vida de otra manera que sus padres y abuelos. Pues claro, estaría bueno. Y los padres y abuelos también, han tirado la toalla, cansados de luchar contra un tsunami imparable que desde hace ya demasiados años le dijo a la gente olvídense de un trabajo estable para toda la vida, ahora de acá para allá, usted a Boston y usted a California y si quieren tener un hijo lo engendran online. Ya aumentaremos el número de laboratorios para que ustedes no tengan más que llevar o escoger sus sémenes y sus óvulos y al cabo de nueve meses -o antes- vienen a por la criatura a la que podrán llegarse a ver cómo se va formando en una urna de cristal.

¿Saben que yo sé de personas que entraron con 18 años en una empresa y a los 65 se jubilaron en ella? ¡Y siguen vivas! No hacían nunca gimnasia ni tomaban benzodiacepinas, si acaso unas tilas y con caminar tenían bastante. Claro que los caballeros iban a la mili y hacían ejercicio para el resto de sus vidas y las señoras, como eran las amas del hogar y mantenían varias crías, se movían más que un estival ventilador sevillano. Y, miren, las economías crecían, los pueblos se desarrollaban también, España hasta era más poderosa que ahora, no quiero decir que ahora esté mejor, quiero decir que está más cabra loca como lógica derivación de un mundo desencajado, en transformación.

Esa transformación es la que provoca tarambanismo y precisa resistencia, aunque ahora se dice resiliencia, tal vez para separar el alma del cuerpo. La resistencia consiste en tener las espaldas muy anchas y el oído fluido para que algo entre por uno y salga por el otro. “A mí, plin, yo duermo en Pikolín”, recuperemos ese viejo dicho que anunciaba un colchón puesto que el otro eslogan colchonero ya apenas se usa: “Colchón Flex, se acuestan dos y salen tres”.

La selección natural -y acaso la picaresca- se están manifestando a través de un mundo tenso que tira por la ventana al que no resiste. Una de las últimas fue Macarena Olona. Moreno Bonilla es un candidato que echa a dúo al Dúo Pimpinela que quería derrotarlo: Juan Espadas al Senado, Macarena Olona a su casa a reposar en Madrid, no creo que sea a su pueblo de Granada. Por Espadas no lo siento tanto a pesar de que sea una de esas personas que tiene la virtud de hablar diez minutos y no decir absolutamente nada que no esté en el tópico y típico manual del buen político progresista. Olona es otra cosa, tiene garra en su discurso desgraciadamente antiguo, aunque por eso atractivo. Espadas quería detener al fascismo y Olona al conservadurismo de la derechita cobarde y ambos se han ido a freír espárragos en Madrid, eso sí que es categoría porque allí en esa ciudad hay cantidad de patrimonio hurtado al resto de España, por algo Madrid era un simple villorrio no hace tanto tiempo. Ah, y la izquierda no tiene resistencia ni para llegar a un acuerdo conjunto: Por Andalucía, Adelante Andalucía, Andaluces Levantaos, PCPE... Cada cual en su casa y Dios en la de todos.

Mientras, en el pueblo llano, persisten las bajas por enfermedades nerviosas. Y los suicidios entre los jóvenes educados sin resiliencia. Malos tiempos para el sosiego. La paradoja es que los inmutables y relajantes monasterios de clausura están casi vacíos -o vacíos- y las discotecas y demás salas infernales, repletas. En los monasterios sigue el celibato y las madrugonas de siempre y además hay que trabajar y estudiar. Lagarto, lagarto. Los bares de Sevilla siguen siendo sitio de alto voltaje y debe ser por eso, porque la gente disimula de ese modo la poca resistencia que tiene para echarle bemoles al existir. Ahora bien, resistir los decibelios de un bar sevillano posee también su mérito y su fortaleza, por tanto. Yo no la tengo, será porque no fui a la mili y mis discotecas no eran tan de otorrino de urgencia.


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