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La vida del revés

¿Se convierte Vox en una banda de macarras de tercera o ya lo es?

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04 nov 2021 / 07:21 h - Actualizado: 04 nov 2021 / 07:31 h.
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El Congreso de los Diputados, desde hace tiempo, se ha llenado de personas indeseables. Desde los que van en chándal haciendo el ridículo hasta los que llaman «gilipollas» a una ministra; desde los que se acercan a un diputado para gritarle a menos de un metro que es un fascista hasta otro que le grita al orador que «eso no se lo dices a la cara», el hemiciclo se ha convertido en un circo decadente y motivo de vergüenza para todos los españoles que aman la democracia, las libertades y un estilo de vida que se ha conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas. Es una pena que los diputados se estén convirtiendo en una especie de pandilleros o de algo parecido a los de macarras de tercera.

Ayer, un diputado de Vox llamaba «gilipollas» a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que tras escuchar el insulto se limitó a pedir a Espinosa de los Monteros que amonestara a su compañero. No repitió esa palabra, seguramente, por respeto al resto de diputados y a todos los españoles que no disfrutan con estos espectáculos (que son la mayoría). Un poco más tarde, otro diputado de Vox, le gritaba al diputado de Compromís, Joan Baldoví, que eso que decía no lo repetiría frente a no sé quien. Una auténtica vergüenza para todos ellos y para todos los que aún creemos en una democracia que tanto nos costó conseguir.

Gracia ninguna; peligros todos los posibles. Cambiar los argumentos y el diálogo por el insulto zafio y el macarrismo de banda nos puede llevar al diálogo de las pistolas. Y que nadie piense que soy un exagerado porque si echan un vistazo al diario de sesiones del Congreso de un poco antes de que estallase la Guerra Civil, podrá comprobar que no existen grandes diferencias.

Estos hombres y mujeres que se sientan en su escaño representan a los españoles y eso debería ser suficiente para que se tomasen en serio lo que hacen y procurasen no manchar el nombre de la institución. No se puede poner en peligro tanto por tan poca cosa.

No se puede ser más macarra, ni se puede demostrar menos elegancia y clase. Después de lo de ayer, pienso que, al menos, los que van en chándal y parecen un mamarracho suelen estar callados, echando una siestecita o leyendo una novela.


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