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La Tostá

¿Se nos ha ido la olla con el móvil?

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
06 sep 2021 / 08:01 h - Actualizado: 06 sep 2021 / 08:02 h.
"La Tostá"
  • ¿Se nos ha ido la olla con el móvil?

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Hace unos días iba en el autobús Sevilla-Puebla del Río, que tiene más paradas que uno de aquellos trenes de madera del XIX, y me ocurrió algo muy gracioso. Sin querer me enteré de la conversación que mantenía un destacado artista con alguien al que le contaba cosas muy íntimas de su vida, que no solo escuché yo sino mucha más gente, aunque creo que era el único que sabía quién era el artista. Nos suena el móvil, atendemos la llamada y es como si nos fuéramos del sitio a no sé muy bien dónde. Recuerdo que cuando nos pusieron el teléfono en casa, uno rojo de ruedecilla a finales de los setenta, mi madre atendía alguna llamada de vez en cuando y daba unas voces increíbles. Ella no decía sí, dígame, sino que preguntaba directamente: “¿Quién es ahí?”, pero en el tono de Gayarre. La llamaban de Arahal, alguna prima, y pasaba de la octava baja a la octava alta con una facilidad pasmosa. Sin embargo, cuando la llamaba yo desde Sevilla, o sea, estando cerca de casa, no gritaba tanto. Una vez la llamé desde Barcelona y juro por Dios que le hubiera metido las cabras en el corral al mismísimo Antonio Molina. Pues a este artista que iba de Sevilla a Puebla le pasó algo parecido. Por lo que pude escuchar, la llamada era desde Nueva York y levantó el tono de voz de una manera asombrosa. Podría escribir una Tostá con partes de la conversación y tendría cientos de miles de visitas, pero no estaría bien. Por ejemplo, contar que se había enamorado de una célebre periodista. No es Kiki Morente, no. Me lo llevaré a la tumba. ¿Se nos ha ido la olla con el móvil? Totalmente. Hace unos días un amigo me llevaba al pueblo a comprar y recogió a una mujer que vive en el campo y que suele hacer autoestop para hacer la compra. Se montó en los asientos de atrás y cuando comenzaba a emprender la marcha, la mujer gritó: “¡Pare, por Dios, el móvil, que me lo he dejado en casa!”. Abrió la puerta con el coche ya en marcha y se echó abajo enloquecida. El pasado sábado estuve en un festival de flamenco y en un momento dado miré para atrás y vi que de unas doscientas personas que estaban en el recinto, más de la mitad miraban el móvil. Un señor hablaba con alguien y le estaba diciendo que si se iba le dejara la llave en el macetero de la placita. Pero no despacito, sino en el tono del Niño de Elche. Se pudo encontrar la casa desvalijada. Se olvidó de que estaba rodeado de personas.


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