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Los medios y los días

¿Seré Manuel Monteagudo?

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15 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 15 nov 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Manuel Monteagudo, EFE
    Manuel Monteagudo, EFE

Me han dicho que han estado por Twitter -yo no uso redes- comentando mi enorme parecido con Manuel Monteagudo, un señor que estaba en coma y sin embargo salía de su casa esporádicamente. Me recuerda la canción de Peret, que también han entonado Sabina y Serrat, ésa del individuo al que creyeron muerto y estaba de parranda. Bueno, se ha tratado el asunto en redes y también han largado chistes a mi cuenta lo cual me divierte, criaturitas, la risoterapia es positiva.

El señor Monteagudo sostiene que ha estado 35 años en coma. Se parece mucho a mí físicamente, lo he visto, al tiempo que comprobaba que mi belleza es muy superior a la suya. Lo que sí me ha hecho pensar es lo del coma durante 35 años. En eso tal vez esté más cerca de su caso. Un antiguo alumno -están por todas partes y algunos muy encabronados conmigo- ha escrito que yo me encontraba en coma y, cuando desperté, me dediqué a suspender alumnos en la Facultad de Comunicación. Tiene toda la razón el muchacho, cuando desperté y me di cuenta de que había estado en coma, advertí que decenas de alumnos aparentan estar despiertos y ser los reyes del mambo pero cognitivamente sufren un coma y los suspendí, los suspendo y los suspenderé con tristeza pero con toda firmeza mientras no me digan desde el Rectorado que no lo haga porque a ver si se me deprimen o agarran una frustración insuperable, que todo lo espero en este mundo de cristal.

En efecto, acaso haya estado un servidor en coma 35 años y hace otros 35 que desperté, con lo bien que se estaba en coma. Verán ustedes. Ya que estamos hablando de fisonomías les diré que el coma que sufrí está relacionado con ellas. Descartes dijo que uno llegaba a este mundo y recibía unos saberes pero que luego había que llevar a cabo una “crítica de los saberes recibidos”. Primero, en el colegio, me dijeron que un caballero con túnica y de barba blanca iba a decidir después de mi muerte, en virtud de mi comportamiento en vida, si mandaba mi alma al cielo, al infierno o al purgatorio porque por entonces existía el purgatorio. Como no había consumado mi crítica de los saberes recibidos me hallaba en el limbo y creí en todo aquello y en el amor al prójimo, para salvarme. Luego, otro señor también de abundante barba añadió que un montón de gente llamada proletariado o pueblo era la redención del mundo. Y entré por ese aro. A continuación, un sujeto de perilla y otro igualmente con barba procedieron a revolucionar el mundo en Rusia y en Cuba. Y me gustó. Entonces irrumpió la vida, la realidad, llegaron Descartes y Nietzsche, entre otros, me abrieron los ojos y salí del coma pero, por otra parte, me fastidiaron porque dormido y con personal alrededor que te mantenga así se está divinamente.

Ahora no me queda más remedio que pensar por mí mismo. Hay unas personas en este tiempo que, en nombre de la izquierda, me quieren llevar de nuevo al coma y una derecha que también porque me da la impresión de que todavía no sabe ni llegar a Cádiz para visitar las Cortes de 1812. Es inútil, ya estoy despierto, ni esa sociedad que usa redes sociales para regresarme también al coma puede conmigo aunque eso no significa que yo sea un supermán impermeable, ortodoxo e ignorante, simplemente me ocurre lo que le ocurría al profesor que en la película Stico encarnaba el actor Fernando Fernán Gómez cuando, ante la vista de determinadas circunstancias, exclamaba: “¡A mí ya no me la dan!”. Y aunque me la den, me levanto de nuevo. Digamos que estuve en coma y ahora estoy en puntos suspensivos... hasta que llegue el punto final.


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