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Desde la espadaña

Sevilla y Venecia se hermanan

A este ritmo estamos condenados a ser capital de la turismofobia donde el vecino y la esencia de la ciudad se traspasa como un local más

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27 ene 2020 / 08:47 h - Actualizado: 27 ene 2020 / 08:50 h.
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  • Sevilla y Venecia se hermanan

Está claro que Sevilla siempre ha sido una tierra de fronteras. Porque en Sevilla siempre han entrado en su esencia tantas cosas, algunas de razonamiento desbordado, que al final nos preguntamos cuál es la verdadera esencia de Sevilla. ¿Qué esperamos para nuestra casa llamada Sevilla?

Por otro lado, Venecia, la gran ciudad italiana, la gran urbe preñada de palacios, rincones y bellas vistas que guardaba su esencia. Una esencia de lo prohibido, de lo bello por su patrimonio, tocado por la varita de los dioses para poder viajar, pernoctar e inclusive ser propietario de alguna de sus viviendas. Dos ciudad, Sevilla y Venecia con fisonomías singulares y misterios propios pero que con el paso de los años pueden hermanarse y ser protagonistas de la evidencia de la tercera Ley de Newton sobre que a toda acción le corresponde una reacción.

Igual que las carreras armamentísticas, dicen que Sevilla ha comenzado una carrera alocada por el turismo a costa de todo, sin analizar la calidad sobre la cantidad y, lo peor, sin distinguir bien si la esencia se encuentra en sus vecinos o en el soniquete particular de las maletas turísticas que bajo una apariencia de lujo y de una lírica de las más poética, guarda realmente una intrascendencia a su paso por la ciudad. Venecia ya optó hace unos años por un turismo tarifado en bajos precios donde lo cuantitativo era el único mandamiento para la ciudad encaramándose como la ciudad más turística del mundo.

Me pregunto para qué sirven las balizas de información turística si éstas quedan sin uso, cochambrosas y abandonadas por este Ayuntamiento de Sevilla. A lo mejor es que los responsables turísticos premian realmente el número de visitantes y colocan a Sevilla sólo con una torre, un archivo, una iglesia o un museo en pleno noviazgo con el urbanismo que ha entrado en una locura de hoteles y apartamentos turísticos que llevará a la ciudad al abismo. Y aquí se explica el futuro hermanamiento con la ciudad italiana.

Venecia ya conoce lo que es perder el encanto de una ciudad y que su población disminuya anualmente de forma alarmante por un turismo de pocos días u horas, alojado en cualquier rincón de la ciudad y que sólo respeta su foto para el recuerdo.

Sevilla siempre ha contado con un centro urbano de apretada cintura y gran actividad. Pero ahora, nuestro patrimonio, nuestros edificios más singulares y regionalistas se están volviendo en nuestra contra porque su conversión en asentamientos turísticos será uno de los problemas más enrevesados con que nos tropecemos en un plazo muy corto. Dice El Corte Inglés que baraja marcharse de Sevilla Este y les aseguro que el siguiente será el de la Plaza del Duque. Cuando esto ocurra nos acordaremos de cuanto patrimonio sacrificado por una moda tan efímera como políticamente rentable porque, además, mientras avanza este turismo de números, exaltados por meterse en un apartamento turístico, salen vecinos espantados por la pérdida de la esencia de Sevilla, concretado en sentir el privilegio de vivir en una ciudad que otros están convirtiendo en el parque temático de pisos turísticos y hoteles en cada esquina.

Y como Venecia ya ha sentido este desastre, sus vecinos portan ya la bandera de la turismofobia. Así es, la ciudad ha dicho no al turismo desbordado y cutre donde poco le importa la urbanidad traduciéndolo en una mala educación. Venecia avisa a Sevilla que si seguimos dándonos golpes de pecho que la expresión de la estética hispalense pasa por turistas llevando maletas para meterse en pisos turísticos o en ese edificio cuya historia dejaría boquiabierto a más de uno, ahora convertido en hotel, la turismofobia llegará; y ahora, póngase usted a recuperar patrimonio sevillano.

Mientras tanto, sigamos teniendo a muchos trabajadores municipales trabajando en caracolas obsoletas, centros de formación educativa en edificios vetustos, casas históricas desaprovechadas para enseñar verdaderamente turismo, centros cívicos asquerosos y en desuso sin cumplir las mínimas normas de accesibilidad y sigamos pensando que en esta ciudad para hacer cultura y arte necesitamos un terreno para construir.

No son pocos los días que en los periódicos leemos la conversión al turismo, a veces superando las mínimas normas del juego vecinal, de edificios o viviendas que interrumpen el vivir de una comunidad de vecinos que por derecho propio se han ganado residir en ese lugar. Escuchar al alcalde saliente de Sevilla que “con el turismo no podemos pasar del éxito al miedo en un segundo” es la confirmación de que a Sevilla está llegando la turismofobia y que Venecia y Sevilla están condenadas a hermanarse. Apuntale usted el turismo, pero nunca prevaleciendo sobre la esencia de Sevilla porque su principal ingrediente es el vecino de trescientos sesenta y cinco días, el que paga sus impuestos y el que hace que la ciudad tenga vida propia. El honor de Sevilla son sus vecinos y no ser la quinta ciudad española en número de pisos turísticos o contar con más de doscientos hoteles (el 65% entre una y tres estrellas). Miremos a Venecia porque no se hundirá por las mareas sino por la turismofobia a no ser que sus vecinos, que no los políticos, lo impidan.


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