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Siempre Betis

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23 abr 2022 / 12:45 h - Actualizado: 23 abr 2022 / 12:48 h.
"Real Betis","Final Copa del Rey 2022"
  • Siempre Betis

Cuentan que nuestra Sor Angela de la Cruz enfermó gravemente y que decidieron trasladarla primero a Cuenca y después a Valencia para su restablecimiento.

Sor Angela (que ahora y siempre fue santa), no mejoraba y decidieron que retornara al que fuera modesto hogar de su madre, y que radica en el barrio de San Julián, justo junto a la mítica Casa Cornelio, que separaba la Sevilla de Queipo de Llano y la Macarena de Pepe Díaz.

De repente, curó de todas sus dolencias y no se cansaba de repetir que era gracias a los soldaditos de pavía que le habían traído; y a los que atribuía el milagro de su sanación.

Ya no existen las pavías que comprábamos en cartuchos junto a la Iglesia del que fuera nuestro nimio confesor el Padre Patero, pero al hilo de la vida que empieza para muchos y se marcha para otros, descubrimos que la existencia solo es soportable por las pequeñas historias.

Esas que contamos a quienes nos siguen –para alguno de ellos y a pesar de todo, somos inspiración- y que hacen soportable los cánceres de la existencia. Así pues, no hay dolor que no pueda ser superado si construimos una fábula sobre nuestros amores enterrados o los fracasos reales o imaginarios. Benditos fracasados...

La melancolía de tres años sin Semana Santa, se quebró con el tránsito de esos costaleros, sobre cuyos hombros, la Virgen Macarena dobló el Convento de las Hermanitas de los Pobres.

A falta de pavías, (para cuándo su declaración como patrimonio inmaterial de la humanidad), tal vez una excursión sobre las grandes colas que adornan la puerta de su convento cada mañana, en busca de esos delantales con el pan nuestro de cada día.

En ese mismo monasterio, hace dos años una de sus hermanas murió del virus; y otras noventa y cinco enfermaron, frente a un Colegio donde todavía alguno de sus niños lleva un balón de cuero asido a sus pies, en lugar del logaritmo neperiano sobre el que versa el Cosmos de Sagan.

Hoy Sevilla gira en torno al Estadio Olímpico, ese que pergeñara Alejandro Rojas Marcos o Pablo de los Santos, y donde España ganó dos Copas Davis o celebró su Mundial de Atletismo.

Decía la baronesa Blixen (ay esa Meryl Streep), que no hay dolor no que se cure con agua salada; ni cicatriz que no sane con el mar, el sudor o las lágrimas.

Antes fueron esos monaguillos de pelo rizado caminando tibiamente la memoria de sus padres o abuelos; hoy serán once indios con camisetas de trece rayas.

Y mientras, el río -el rio Baetis- atravesando el corazón bipolar de Sevilla. Así que cuando se quiebre el cielo de la Cartuja, recuerden que no se coleccionan objetos, sino momentos. Siempre Betis.


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