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Sobre el VAR y otros fraudes

07 oct 2019 / 09:01 h - Actualizado: 07 oct 2019 / 09:10 h.
  • Sobre el VAR y otros fraudes

Sí, hoy les voy a hablar de futbol, que estamos muy necesitados de opio para el pueblo, ante la que se avecina...

Porque aunque no lo crean, el futbol fue mi deporte, como el de prácticamente todos los lectores de este centenario Correo.

Y es que hubo un tiempo en que el balompié se practicaba sobre albero, cuando no había mantas de césped para amortiguar ni unos, ni otros golpes.

Era un deporte de contacto; no había Domingo en el que no llegaras a casa y tu madre clamara al cielo por un ojo morado o unos puntos en la frente.

Tampoco había jornada en el que el árbitro no fuera el responsable de tu derrota; y la de tu equipo, ese que Dios te asignó, en mi caso como una maldición del destino en forma de ausencia de trofeos en la vitrina.

No había día en que ese referee no prolongara el partido hasta que el Real Madrid te empatara, que bien lo sabe Lopera y aun mejor Undiano Mallenco.

Es la era de los refrescos light; los alimentos del estante del supermercado sin lactosa; el maíz modificado genéticamente; y hasta el amor como sexo virtual con preservativo sucedáneo del latex; ya hasta puedes volver hacia atrás y no perderte la serie que con la que te ahorras los relatos construidos por los gurus y las noticias.

Ya hasta Pedro Sánchez es socialista; y Rivera de centro. Es más, a quién le importan ya los programas, que hasta en eso podríamos ahorrar en papel por dejar en más que apariencia nuestro ecologismo. Los comunistas se trasladaron a Galapagar y hasta el solista de Maná, estuvo a punto de arruinar la descendencia borbónica.

Pero hoy me referiré al VAR., algo que iba a constituir la vanguardia del progreso y que se ha convertido en la pausa del ritmo cardiaco con el que acompañas a tu equipo desde la grada. Antes te desahogabas contra el árbitro; ahora ni siquiera tienes a quien culpar, lo que justificaría la justa reivindicación de una rebaja considerable en el precio del abono.

El futbol se decolora y se ha convertido en un suerte de esgrima virtual, donde el mero contacto es punible. Si miramos al tenis, el ojo de halcón es irrelevante, salvo que yo recuerde cuando impidió al bueno de David Ferrer ganar un Master 1.000.

Y es que la tecnología sigue castigando a los pobres de Dios, porque siempre ganan los mismos; solo que ahora no tenemos ni por quien rezar, ni a quien protestar.

Aun recuerdo las críticas a Angel Villar, cuando se oponía a estos instrumentos malévolos de eso que llamaban progreso.

Pronto una Empresa editará nuestro último recuerdo para que los que nos continúen, mientras los pájaros sigan cantando. Hasta las piezas del ajedrez son distorsionadas de su posición inicial, nada menos el reciente Campeón del Mundo Radjabov se limitó a apenas cinco minutos para alcanzar su corona, plagiando una invención teorica de una simple máquina.

Pues bien, Villar tenía razón, y efectivamente el futbol es furgol, no en vano él lo defendió noblemente desde los campos enfangados de Bilbao hasta los despachos, como el contacto es la razón de este deporte como el rugby no rehúye las melees.

Y es que si los de Vox fueran listos lo incluirían en su programa, al igual que su veneración por Soberano como cosa de hombres.

En fin, me siento viejo, pero al menos me vanaglorio de recuerdos a quien culpar; qué sería de mi sin los codazos del dolor de estar vivo; sin los penalties injustos; sin aquel árbitro que nos liberaba de la verdad suprema de que no sabíamos darle una patada a un baúl y, sobre tod, de que al final siempre perdemos los mismos.

Creep.


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