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Sobre Guardiola y Xavi

20 oct 2019 / 11:38 h - Actualizado: 20 oct 2019 / 11:40 h.
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  • Sobre Guardiola y Xavi

El deporte no tiene ideología. Así lo estableció la Carta de la ONU en la que se fijó imperativamente la no injerencia del poder político en las decisiones que afectaban a áquel.

Sin embargo, a lo largo de la historia, existen grandes gestos, que catalogan a sus protagonistas.

Así, Djordjevic, con una camiseta “paren la Guerra” referido a la de Serbia; el futbolista Fowler que se solidarizó con los despedidos del Puerto de Liverpool; Steve Nash, contra la Guerra de Irak, o Tommie Smith, contra la discriminación de los negros en USA.

Sobre todos ellos, probablemente por ser el más grande de la historia, Mohammed Ali, que perdiera su cinturón de campeón del mundo, por negarse a combatir en Vietnam.

En España, los ejemplos han sido menores, pero no por ello menos relevantes.

Kanouté, defendiendo impenitentemente la causa palestina; y ya en su dia, Aitor Aguirre y Sergio Manzanera que levantaran el puño negro en protesta por los últimos muertos del franquismo. Sí, esos de “Al alba” de Aute, temiendo la madrugada.

Más allá de coincidencias o no, el propio Barca ha dado otro ejemplo, como ya lo hiciera en la Segunda República recaudando para la causa de la libertad. El Derecho Penal no resuelve los conflictos.

Y es que escuchar a los fariseos periodistas del régimen, atacar a Guardiola y a Xavi, a los que ladinamente ponderaban a cambio de una entrevista exclusiva, es simplemente desconocer el talento y la singularidad de la heterodoxia.

De la más inmediata experiencia, sin duda los deportistas más competentes en los últimos años, han sido Guardiola, Sergi Bruguera o Albert Costa, a los que precisamente no une su ideología, dispar como el pensamiento de todos los humanos.

Pero escuchar la oda a los de siempre; a los del pensamiento ortodoxo, cansa.

Alguien debería publicar cuánto ha costado la españolidad de algún deportista al que todos admiran. Dónde y cuánto fue el precio de su adhesión a aquello en que no cree y los beneficios de toda índole que ello le ha supuesto. Al parecer, la ortodoxia se compra, la diáspora penitencia.

La disensión respecto al poder intemporal suele cotizar a un desvalor y precio alto. Ya hoy, seguro que Xavi o Guardiola lo conocen. El poder no olvida; no tiembla en la represión; no cesa en el tiempo. El cambio de fecha del derby Barca-Madrid, no solo es un ejemplo, sino un profundo error de consecuencias incalculables. Lo veremos quien sabe, si a puerta cerrada.

Por eso, convendría tener presente a Brecht cuando evocaba el día que nadie proteste por nosotros.

Pero como Gala Leon, la primera mujer Seleccionadora nacional; Mallory, del que nunca sabremos si alcanzó o no la cima del Everest, (dónde estará su cámara) el valor de la historia es superior al coyuntural del momento. Los represaliados pervivirán para siempre.

Y claro que el deporte no debería tener ideología; claro que no debería tener banderas; pero hoy que las Ramblas de Barcelona se desangran distrayendo el apoyo mayoritario de la ciudadanía, sobre los ejemplos aislados de violencia, tal vez resulte necesario recordar que la sociedad avanza a partir de la protesta, de hacer que nuestra misma existencia sea un acto de rebelión, aunque tal vez ya nunca tu miedo sea más que tuyo.

Quiero que no me abandones, amor mio, al alba...


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