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La vida del revés

¿Son Simón e Illa un par de asesinos sin escrúpulos?

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09 jun 2020 / 10:43 h - Actualizado: 09 jun 2020 / 10:47 h.
"Opinión","La vida del revés","Coronavirus"
  • Salvador Illa y Fernando Simón. / El Correo
    Salvador Illa y Fernando Simón. / El Correo

El mundo en el que vivimos es extraño.

Resulta que un tipo recibe pizzas, kebabs, alitas de pollo y hamburguesas en su domicilio sin pedirlas. Así desde hace nueve meses. Algunos días, son varios los pedidos erróneos que recibe y devuelve. Puede ser que llegue una pizza cuatro quesos a las doce y media de la madrugada o unas alitas picantes antes y después de comer.

El caso es que este tipo, un flamenco jubilado llamado Jean Van Landeghe, está hasta las narices y ha hecho pública su historia, a través de los medios de comunicación, para intentar acabar con su pesadilla. Debe ser que en Holanda no hay graciosillos, o mamones, o sujetos con mala leche a espuertas; porque si este hombre viviera en Sevilla, Barcelona o Madrid, hoy habría recibido seis o siete millones de pedidos. En España suele ocurrir que olemos la sangre y corremos hacia la herida como fieras. Con bromas o sin bromas convertimos más veces de la cuenta todo en cementerios y en cochambre.

Un ejemplo. Fernando Simón o Salvador Illa, dos personas que han dado la cara desde el principio de la crisis sanitaria, que han intentado hacer las cosas bien, parece que son dos delincuentes. Todo el mundo quiere denunciar a uno y a otro, los dedos acusadores les señalan como si fueran criminales. Y eso es una canallada indecente. Si alguien cree que Simón o Illa han hecho una sola cosa pensando en crear dolor o muerte es que es un loco. ¿Se han equivocado? Desde luego. ¿Se han dejado llevar por las circunstancias que marcan desde Moncloa? Seguramente que sí. ¿Son unos asesinos y merecen pasar los últimos años en prisión entre grandes padecimientos? No.

Desde luego, si algún familiar quiere pedir explicaciones en los Tribunales de Justicia está en su derecho y debe hacerlo. Y nadie podrá criticar algo así. Eso es, secillamente, indiscutible. Pero campañas de acoso y derribo como las que estamos viviendo son una calamidad para España.

Soy de los que está seguro de que cada muerto a causa del coronavirus les ha costado (a Simón e Illa) el mismo sufrimiento que al resto de españoles, que empatizan (Illa y Simón) con el dolor de los familiares de los fallecidos como hacemos todos los españoles.

¿Qué tal si construimos y dejamos de demoler y de triturar personas? ¿Alguien cree que Simón o Illa sabían que iban a morir miles de personas y dejaron que sucediese? ¿De verdad alguien cree eso?

La crisis sanitaria se volverá a producir en unos meses. Tal vez en algunas semanas. Y seguimos atrincherados. Unos frente a otros. ¿Estamos preparados para lo que viene? Ya les digo que no. Y, cada día que pasa, menos. Porque echar espuma por la boca, intentar destruir lo que otros hacen y no aprender de lo que nos ha pasado, ayuda más bien poquito. No nos enviemos seis o siete millones de raciones de alitas picantes unos a otros. Hagamos del mundo un lugar algo más acogedor. Ya está bien.


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