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La Tostá

Soñando con los festivales

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
30 mar 2021 / 09:45 h - Actualizado: 30 mar 2021 / 09:18 h.
"La Tostá"
  • Soñando con los festivales

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Esta noche he soñado que iba al Festival de Mairena del Alcor a escuchar a Antonio Mairena, Fosforito, José Menese, José el de la Tomasa y la Paquera de Jerez. No era en la Plaza Jiménez Sutil, sino en la Academia, y nada más llegar a la puerta vi al Bizco de la Borrega, de Lebrija, con una ristra de morcilla de Montellano y un saco de pan de Las Cabezas de San Juan. Había aficionados de todos los pueblos de Sevilla y de los barrios de la capital, unos con nevera y otros con la clásica talega de bocadillos y la bota de vino. Ya dentro, el ambigú tenía un aspecto inmejorable, con tortillas camperas en la barra y una palangana llena de aceitunas aliñadas. A las diez en punto de la noche entraron Antonio Mairena, sus hermanos Curro y Manuel, su hermana Rosario y el inseparable Paco Celaya, con aquella sonrisa al estilo de Tomás Pavón. Luego llegaron José Menese y Pepe el Cachas, José el de la Tomasa y Manolo Domínguez El Rubio y, desde Triana, Matilde Coral y su marido Rafael el Negro, el bailaor gitano de manos de miel y pies de atleta. Detrás de ellos, el crítico Miguel Acal, el fotógrafo Paco Sánchez y los técnicos de La Voz del Guadalquivir. Paco Herrera, que era el presentador de la noche, daba la bienvenida al público en el tono de Juan Talega y en el palco de autoridades estaban Amós Rodríguez Rey, el Poeta de Alcalá, Rafael Belmonte, el doctor Antonio Reina y Manolito Armero. Cuando apagaron las luces y se iluminó el escenario, el silencio era tan estremecedor que se escuchaban los mochuelos de la vega y una voz dio el pistoletazo de salida: “¡Antonio, hártanos de cante gitano, aunque nos dé un cólico!”. No había ni una sola silla vacía y hasta salía humo de la fragua simulada del escenario. Lo que pasó a lo largo de la noche no es fácil de narrar. Mientras cantaba Antonio Mairena, con su hermano Manolo, el Poeta de Alcalá y Nano de Jerez en el compás, su otro hermano, Curro, lloraba como un niño en el palco de autoridades mientras lo consolaba como podía Paco Vallecillo. Unos acordes de Pedro Peña, por soleá, animaron al maestro a dar salida a una voz que olía a pan caliente y que desnudaba los cuerpos por el escalofrío:

Las tres Marías subieron

al Castillo de Alcalá

a vestir de negro luto

el cante por soleá.

Se sueña con lo que se echa de menos, dicen.


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