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¡Sueña despierta, Sevilla!

Nuestro ser cofrade es una constante cuenta atrás, siempre restando horas, tachando días del calendario que cuelga detrás de la puerta

24 mar 2018 / 16:50 h - Actualizado: 25 mar 2018 / 12:10 h.
"Cofradías","Cuaresma 2018"
  • El palio de la Hiniesta. / Teresa Roca
    El palio de la Hiniesta. / Teresa Roca

Por Juan Manuel Labrador Jiménez

Afirmaba el filósofo Aristóteles que «la esperanza es el sueño del hombre despierto». Sólo por eso, nuestra Semana Santa es un canto a esa buena nueva que va a volverse a producir cuando finalicen estos días de Pasión que desembocan en esta Esperanza vital que da sentido al mensaje de Nuestro Señor Jesucristo a través de su entrega en la cruz por todos nosotros.

Sevilla es la ciudad del gozo, viviendo esta semana que aquí dura nueve días con la dicha anticipada de la Pascua de la Resurrección, porque en esta urbe, desde hace siglos, conocemos a la perfección el final de esta historia de nuestra propia salvación, y por ello disfrutamos con júbilo estos días que como dijese Enrique Esquivias «nos sirven de excusa para el resto del año». Así pues, en Sevilla soñamos despiertos, porque nuestro ser cofrade es una constante cuenta atrás, siempre restando horas, tachando días en el calendario que cuelga detrás de la puerta de la habitación, y cuando al fin llega, todo pasa fugaz, como si de un suspiro se tratase, como de ese sueño que se desarrolla en una sola noche pero que, imbuidos en él, nos hace creer que el tiempo se alarga cuando realmente todo ocurre en muy poco tiempo.

Soñaremos despiertos, sí, aunque este año el sueño haya empezado con un formato cercano al de la pesadilla por mor de una lluvia que emborrona nuestros anhelos y que trastocó un Viernes que se nos hizo más doloroso de la cuenta. Por todo ello, como no queremos que esta hermosa fábula se disipe, estaremos siempre mirando al cielo, y tal vez eso sea lo que nos impida ver que Sevilla es la misma gloria y que con fe todo es posible. ¡Despierta, Sevilla, pero no dejes de soñar, que hoy ya es Domingo de Ramos!

Aquellos niños que fuimos

La emoción desciende por una rampa que nos rejuvenece y nos hacer ser aquellos niños que fuimos y que ojalá nunca hubiéramos dejado de ser, porque aunque la Semana Santa sea un sueño imperecedero, está claro que la visión de la infancia es totalmente distinta y, por qué no decirlo, más bella. Viene Dios cabalgando sobre su Borriquita proclamándonos su Amor cuatro veces centenario, mientras la Paz tiñe de blanca pureza las flores de aquel vergel que se mezcla con la espléndida arquitectura de Aníbal González. Y una Estrella surcará los confines de nuestra existencia más allá del río para intentar dar su luz a tanta Amargura.

La Semana Santa es la fiesta sagrada de los barrios, porque en qué otro lugar que no sea un sueño pueden éstos desplazarse, haciéndose cofradía, hasta el mismo corazón que late en ese centro neurálgico que es la catedral. Sevilla es Nervión, el Polígono de San Pablo, La Calzada, San Bernardo, El Cerro del Águila, El Tiro de Línea... Y hasta Torreblanca, que adelantó este sueño a la tarde de un primer lunes de Cuaresma, como algún día pisarán ese suelo santo otros barrios como Parque Alcosa, Bellavista, Pino Montano o Heliópolis...

La ciudad trastocada

Toda la ciudad queda trastocada en esta larga semana que parece que se acorta a medida que los años pasan por nuestras almas, y se llena de encanto cuando trata de apaciguar las lágrimas que María Santísima derrama bajo palios tan hermosos que de por sí pueden constituir un auténtico Museo andante con la música que compuso Santiago Ramos para darle movimiento, al igual que Ruiz Amé quiso dotar de elegancia el caminar de la Divina Panadera y Abel Moreno hizo del Gaudeamos Igitur una marcha que consuele su Angustia, mientras que Marvizón logró ponerle melodía al azul y a la plata que abrigan a la Hiniesta y Pedro Morales supo describir con sus notas el prodigio de la Macarena, o cómo Patión marcó sellos distintos sobre el pentagrama para aquella cuyos Dolores son las Penas de su Hijo, o para una misma Madre que se hace Niña en Dos de Mayo o para su inquebrantable belleza trinitaria mientras derrama Esperanza...

¡Qué rápido pasará el sueño! Y sin embargo, el Cachorro seguirá cruzando de orilla a orilla y jamás expirará, y Pasión no dejará de ser Dios mismo encarnado en la madera, ni la sangre que cae por su diestra hará que no florezca la rosa de su Caridad, y su rostro verdadero nunca dejará de ser contemplado en la inmensidad de su Gran Poder... Y todo ello es un sueño porque el milagro volverá a obrarse una vez más, ese milagro íntimo que se guarda en los pañuelos que discretamente regala con la blancura de su Salud la Reina de San Gonzalo, o ese otro que habita en la mirada de la Esperanza cuando la luz de Triana reverbera en los ojos de los devotos que no la dejan sola en la madrugada mientras cantan su salve.


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