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Tribuna

Susana Díaz

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04 oct 2020 / 04:30 h - Actualizado: 04 oct 2020 / 04:30 h.
"Tribuna"
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Debió ser por el año 1.991, cuando una joven que estudiaba en un Instituto público en Triana esperaba un autobús con dirección a la sede del PSOE de Sevilla, que entonces se ubicaba en la calle Placentines. Su intención: afiliarse al Partido Socialista.

Esa chica actualmente ejerce con maestría Odontología.

Causalidad o destino hicieron que mientras el bus llegaba, una joven Susana Díaz se parara ante la marquesina y le preguntara a su compañera de Instituto, adónde se dirigía, para acabar montándose juntas hacia la militancia compartida en las Juventudes Socialistas.

Hay algo en las decisiones que tomamos, que parecen encauzar aquello que llamaba Borges una intrincada cadena de causas y efectos con la intención de perpetuar la existencia. Sobre los cuernos y cornadas de la vida, les recomiendo el último Libro de Vargas Llosa, devorado por el espectro de García Márquez de fondo.

De la sede sevillana del PSOE de Placentines, no hay vestigio en la actualidad.

Un retrato de Pablo Iglesias evocando un sello de la IIª República antecedía la entrada a un lugar descolorido, donde todos sus empleados son ahora funcionarios, laborales o indefinidos en la Administración.

Había hasta una foto raída de Largo Caballero, del que nadie respeta su internamiento con setenta y cuatro años en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen.

Fueron varios los jóvenes que se dirigieron con idéntico destino que aquellas dos chicas a la serpenteante calle céntrica adyacente a la Giralda y sus vientos. A todos ellos les alcanzaba un cierto temblor, al recibir el carne de color rojo, donde una estrella refulgía sobre el blanco.

No en vano, varias veces dicha sede de Placentines, había sido atacada por falangistas o militantes de Fuerza Nueva.

Algunos de los que arrojaban pintura o piedras, siguen aspirando a continuar en la pomada de quién es quién de nuestra ciudad y parece que hasta retornarán, pese a las fotos engrilletadas por los Palacios de Justicia de esta nuestra inveterada Sevilla.

Debo confesar que me sorprendió que Susana Díaz no permaneciera en la Secretaria General del PSOE-A, en lugar de la posición institucional que llegó a ocupar. Supongo que Griñán debió instruirle en la asignatura de la vanidad, que, como su pretendida superioridad intelectual, es tan contagiosa (ya no sé si incluso más) que el propio coronavirus.

Frente a los pusilánimes que la rodeaban, Susana siempre jugó al todo o nada y por eso no perdió batalla alguna.

De esta forma, frente a su cenit, algunos viven pero que muy bien en la Presidencia de Fundaciones bancarias; y otros se solazan en Madrid en posiciones secundarias del Congreso de los Diputados o sobrevivieron en Direcciones de Puertos de agua salada; o en fin, incluso otros –frente al decoro de Manolo del Valle (qepd)-, se conforman con emular cualquier tiempo pasado mejor, incluso integrándose en el Patronato de la Fundación Pablo Iglesias que, una vez, incluso tuvo la indecencia de entregar póstumamente el carnet socialista a Negrín.

Mientras unos y otros recorren su sendero, las primarias al PSOE-A, -que no son más que el procedimiento instaurado por Pedro Sánchez en la previa de su huída a los infiernos-, podrían ser una nueva batalla al todo o nada....

Las matemáticas electorales no dan a Moreno Bonilla y por eso habrá Presidente o Presidenta socialista en San Telmo.

Apenas cinco días después de la muerte de los últimos fusilados por Franco, un joven Olof Palme cogía una hucha y recorría Estocolmo, pidiendo fondos para la oposición española.

Y ese el drama.

En Andalucía, gane quien gane las primarias, nada cambiará. Nadie recordará los más de cincuenta mil muertos por la pandemia; nadie visitará las colas de los comedores sociales; pero serán todos éstos quienes acabarán con el reinado (nunca mejor dicho) de Pedro Sánchez, no sé si a tiempo o no para Susana Díaz.

Mientras tanto, todos quieren ser ella, pero tal vez se conformen con seguir siendo nada, colmados de trienios y hasta cajas fuertes.


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