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La Tostá

Tejero en Padre Pío

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
23 feb 2021 / 07:36 h - Actualizado: 23 feb 2021 / 07:38 h.
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  • El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, accede al Congreso de los Diputados. / E.P.
    El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, accede al Congreso de los Diputados. / E.P.

Tenía 23 años y vivía en Padre Pío, la barriada sevillana de Palmete, bastante metido en política de barrio y movimientos vecinales. Como ya he contado alguna vez, en ese barrio pegado a la Carretera de Su Eminencia vivíamos sin asfalto en las calles, alcantarillado, farolas y otras cosas necesarias para vivir dignamente, pero era un barrio obrero con iniciativa e íbamos saliendo adelante como podíamos. Dos partidos políticos de izquierdas trabajaban mucho para cambiar la realidad social de esa zona tan dejada de la mano de Dios y el Ayuntamiento. Me refiero al PCE y el PTA, este último el Partido de los Trabajadores de Andalucía, del PTE de Eladio García Castro. Me acerqué a esa formación por vecinos como Antonio Ruiz El Menda y su esposa, Paqui, él alicatador y ella trabajadora de IDUYCO, dos revolucionarios que se jugaban la vida diariamente en defensa de la libertad y los derechos de los vecinos de Padre Pío. Evidentemente, con esa edad no sabía apenas nada de política, entre otras cosas porque fui poco al colegio y en mi casa jamás se habló de partidos, libertad y democracia. Mi madre y mi abuelo materno vivieron en Arahal, mi pueblo y el de ellos, el horror de la Guerra Civil de 1936 y no contaron nunca gran cosa, seguramente para que mis hermanos y yo no descubriéramos el odio. Pero en el PTA me pasaron libros de política y fui descubriendo un poco qué era eso de ser socialista o comunista, la conciencia de clase, la libertad y la democracia. Llegaba algunas noches de las asambleas del partido en el barrio y quizá para impresionar a mi madre y a mi abuelo, entraba maldiciendo a Franco y presumiendo de comunista. Alguna vez llevé octavillas en los bolsillos y tuve algún disgusto en casa, así que cuando Tejero entró en el Congreso pegando tiros mi madre pensó que iban a ir a buscarme para fusilarme al amanecer, como hicieron con un hermano de mi padre, el Chacho Frasquito, en Arahal, cuando la célebre guerra. No sabía dónde meterme para salvarme la vida y se le ocurrió que me fuera a Arahal a esconderme en casa de mis tíos paternos, en la calle San Eutropio. Me negué, claro, y me quedé en Padre Pío por si pasaba algo en el barrio estar para dar la cara junto a los camaradas. La del 23-F de 1981 fue una noche larga de radio y café solo, con el miedo de que comenzaran a llevarse vecinos a los cuarteles, sobre todo a los que más se habían señalado políticamente, que eran sobradamente conocidos por la Policía Armada y la Guardia Civil de esa zona. Escondí los libros que me habían dejado para que me espabilara, obras como La madre, de Maksim Gorki, y Los vecinos en la calle, de Tomás R Villasante, así como una camiseta del Che Guevara. Sinceramente, estaba cagado de miedo, aunque aparentara valor para impresionar a mi madre y a mis hermanos. Eso de ser comunista molaba tela en aquellos años, pero esa noche daba algo de jindama. Me rindió el sueño fumando, tomando café solo y escuchando la radio, y al amanecer, mi madre me despertó para decirme que Don Juan Carlos nos había salvado. “Así que deja ya de hablar de República y libertad, que eres tonto de remate”.


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