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La Pasión

‘The Good Doctor’

No sé si un día será médico, pero me tiene curada el alma. No sé si un día será profesor, pero ya me ha enseñado muchas cosas de la vida. Es especial, único

22 jul 2018 / 09:42 h - Actualizado: 22 jul 2018 / 09:43 h.
"La Pasión"
  • ‘The Good Doctor’

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A Iker, con todo el amor del mundo

Me recuerda a cada paso el tiempo que pierdo. Es como una lección constante. Parece que está lejos pero está tan cerca que apenas me separa de él las ganas que tengo de apretarlo contra mi pecho. Iker es muy especial, único, no existe nadie en el mundo como él. Y lo quiero tanto que hasta creo que se da cuenta de que su tío pierde pie con sus cosas.

Sí. Tengo un sobrino autista. Y lo adoro. Mi sobrino vive en un mundo de colores y canciones y es feliz, lo sé, lo siento en cada beso y en ese arcoíris de sonrisas que le regala al viento cuando tropiezan los personajes de sus dibujos animados favoritos y él se echa a reír como si se acabara el mundo en ese momento.

De vez en cuando se acerca, me toca el cuello, me besa si mi cuñada se lo recuerda y me deja que yo lo abrace y lo estreche contra mí. Después se marcha, como si no conociera de nada a su tío, y regresa a sus aventuras, a ese universo maravilloso en el que sigue siendo un niño muy feliz. ¿Sabes, Iker? Al tito no le importa que no le entiendas cuando te dice que te quiere. Porque el tito sabe que no comprendes la frase, pero sí sientes en el corazón lo que está pasando por el mío.

Estoy viendo el primer capítulo de la serie The Good Doctor. Y no dejo de pensar en él. Tan noble, tan bueno, tan bonito, tan inocente, tan niño, tan feliz, tan especial. Y siento ganas de contarlo, de presumir de él, de sentir el orgullo de ser el tío de un niño autista. Habrá personas que no quieran contarlo, que aún vivan en la soledad de sus casas temiendo a que la luz del sol alumbre el episodio que a su niño le ha tocado vivir. Es muy respetable, claro que sí, pero mi sobrino tiene unos padres maravillosos y un hermano tan generoso que todos están dispuestos, como sus tíos y sus primos, a presumir de él. Como mi Iker sólo hay uno en el mundo. Y tengo la suerte de ser su tío. Yo lo soy. Para siempre.

No sé si un día será médico. Pero a mí me tiene curada el alma. No sé si será profesor, pero ya me ha enseñado muchas cosas de la vida. No sé si será periodista, pero la comunicación de su alma con la mía es tan fluida como mágica. No sé lo que será en un futuro mi sobrino Iker.

Me basta con que sea él mismo, único, feliz, gamberro, simpático, canalla, risueño, inquieto y vulnerable. Porque así lo he conocido y así lo quiero.

No sé si un día podrá leer este artículo y entender lo que ahora atraviesa todo mi ser. Pero no importa. Yo sé que cuando lo abrazo y le digo al oído cuánto le quiero, él percibe que su tío pierde los papeles con esa sonrisa. Tú eres, sobrino, mi buen doctor. Gracias por existir. Tú sigue soñando, que ya presumo yo


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