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La Tostá

Todos los días es Navidad

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
20 nov 2022 / 10:59 h - Actualizado: 20 nov 2022 / 11:01 h.
"La Tostá"
  • Todos los días es Navidad

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Para mí ya es Navidad. Llega, hermosa, como una mocita que te quiere enamorar. Desde que vivo en el campo, va a hacer ahora cuatros años, en cuanto llegan los primeros fríos del otoño empiezo a soñar con la Navidad en Palomares, cuando los niños soñábamos despiertos avivando una candela o enderezando platillos de cerveza para hacer un sonajero con una tabla y puntillas. Como algunos no teníamos ni un miserable tocadiscos en casa, creábamos música con una lata, una pandereta o el citado sonajero. Y cantábamos viejos villancicos o campanilleros que se conservaban en el pueblo seguramente porque nuestros antepasados amaron también la Navidad, su música, la tradición de crear instrumentos caseros como el triángulo o la zambomba para cantarle al Niño Jesús, que aunque nunca lo vimos por Palomares, estaba en todas las casas. Aquí, en el campo, rodeado de perros y gatos, todo verde y lleno de pájaros, la música sale sola. Guardo en mi memoria villancicos para estar cantando hasta Reyes al lado de la chimenea, que también es algo muy de la Navidad. Llevo el son con el viejo sonajero de platillos y siempre hay sobre la mesa del salón un plato de alfajores y una botella de anís, que suele durar dos o tres años. Los dulces no, esos vuelan como las tórtolas, dejándonos, eso sí, un desagradable recuerdo en la panza. Pero no hay Navidad sin dulces, ni villancicos, ni niños en torno a una candela echando en sus brasas castañas, bellotas o caracoles gigantes. En Palomares, en los sesenta, los niños nos juntábamos en la plazoleta, en el malecón de Ricardo, y cantábamos villancicos hasta la madrugada. Los vecinos nos llevaban platos de mantecados y El Burri, tan cariñoso, nos contaba a veces cuentos de niños que no tenían dulces en casa porque eran pobres de solemnidad. Sería en otros tiempos, porque en casa los hubo siempre, a pesar de que éramos muy pobres, tanto que no lo sabíamos. Lo averiguamos cuando tuvimos una tele y empezamos a ver que había vida más allá del pino de Mampela. Anoche, viendo el debate de La Sexta, sentí el frío de la madrugada, quité la tele, saqué el plato de dulces y canté por lo bajini dos o tres de los villancicos que cantábamos en Cuatro Vientos. El debate me tenía negro, como cada sábado, y preferí la nostalgia, un viaje a la infancia, a las hijuelas de Palomares, en las que una candela nos alumbraba los sueños. Para mí, ya en el preámbulo de la vejez, la cercanía de la Navidad hace que despertar cada día sea un momento feliz. La niñez y la vejez son almas gemelas.

En el portal de Belén

han entrao los ratones

y al pobre de San José

le han roío los calzones.


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