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Tomando unas cañas con Abascal

Fue Yeats quien en uno de sus Poemas dijera aquello de “and what if my descendents lose the flower”

07 nov 2019 / 09:46 h - Actualizado: 07 nov 2019 / 09:51 h.
  • Santiago Abascal. / EFE
    Santiago Abascal. / EFE

A apenas unas horas para la celebración de unas nuevas Elecciones, es evidente que España se ha sumido en un debate estéril, acerca de victorias y derrotas, algo que en nuestros periplos vitales y con el transcurrir de los años, apenas constituye un elemento esencial en la forja del carácter.

He sostenido en reiteradas ocasiones que las tumbas guardan un significado contrario a aquello que se ha denominado memoria histórica; y que esos símbolos, en un país que se acostó monárquico y se levantó republicano, y en el que las únicas manifestaciones multitudinarias se agrupan en torno a los descensos o triunfos de los equipos de fútbol de cada ciudad, preservar la memoria consiste en aceptar que muchos de los propósitos de nuestras generaciones anteriores tuvieron el final que merecieron.

Me he manifestado en contra del traslado de los restos de Queipo de Llano, porque precisamente si hay algo consustancial a la memoria es su versión insumisa; es quizás por ello por lo que los familiares de Azaña o Machado siempre se negaron a sus retornos, como este afán sin nombre que no me pertenece y sin embargo soy yo.

Pero más allá de todo ello, lo cierto es que España ha perdido sus pensadores, que nunca fueron masa, pero que se encarnaron en el pensamiento de María Zambrano, Unamuno y Ortega y Gasset entre otros. Por cierto, muchos de ellos imbuidos de la derrota y el exilio, fecundo como las ideas de aquellas colonias que instituyeron Ateneos como La Portuguesa en Méjico.

Pretender que una nación se mueva al hilo de la movilización de pequeñas bolsas de votos que aseguren una decena de escaños y lo haga desde la publicidad y el marketing de sus gurús, constituye una afrenta al hecho de construir nación. Me temo que se avecina una gran crisis para España, y no me refiero a la económica, que sin duda también, nada más hace falta analizar los datos del desempleo.

El populismo no es más que el uso grandilocuente de las palabras que todos pronunciamos. Ha sido precisamente Casado quien lo ha definido como la “barra del Bar”. La frustración exige perdón, reparación, y la gente quiere escuchar algo más que los colapsados mensajes ocres de sentido o color.

Ya prácticamente nadie recuerda el origen de los movimientos fascistas y comunistas, y probablemente hayan quedado sepultados en el olvido, los obreros ingleses que en los cines y en los teatros levantaban los puños contra Churchill, cuando solo la oscuridad lo hacía posible.

Y es que faltan estadistas, porque fueron no solo calumniados por los vencedores de la guerra, sino también por buena parte de los vencidos. Ha tenido que ser Amenabar quien nos resucite a uno de ellos.

Fue Azaña quien en 1938, se refirió a quienes ya no albergaban ni odio ni rencor “y nos envían con los destellos de su luz, tranquila y remota como al de una estrella, el mensaje de Paz, Piedad y Perdón”

Con estos mimbres y estas irresponsabilidades la primera en pasar por caja fue Susana Diaz, al alentar los odios dormidos como dientes de la barra del Bar.

Y es que así somos los españoles, sea por Sur o clima. Quizás las peñas gastronómicas norteñas, o tal vez las zambombas jerezanas. Tanto da.

En ellas, ha entrado Voz para brindar con una caña, porque el montadito de mechá, ni probarlo.


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