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Los medios y los días

Tomándonos el pelo

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02 may 2021 / 09:57 h - Actualizado: 02 may 2021 / 09:02 h.
"Los medios y los días"
  • Tomándonos el pelo

Las peluquerías siempre han sido la voz de la calle. Se sienta uno esperando su turno -eso de reservarlo es para mí algo novedoso- y a poner el oído. El peluquero le dice al cliente al que está descargando: “No digo que no vacunen a los del 112 pero creo que ellos están menos en contacto que nosotros con la gente. Me contagio yo, ¿y a cuánta gente contagio aquí al día si no me dan síntomas?”. El razonamiento a mi juicio es impecable, de manera que uno de los servicios esenciales han sido las peluquerías y ahora que no estamos en confinamiento ahí que siguen intentando sobrevivir, como todos los negocios, y no están vacunados todos los peluqueros. Un peluquero está más cerca que un confesor, ni dos metros ni leches, no nos va a pelar online, aquello tiene que ser a pelo.

Luego hablaron de política el peluquero con su cliente más cercano. Todos son iguales, no sabían a quién creer. Ambos eran jóvenes, entre 28 y 35 años, jóvenes desde mi perspectiva cronológica porque, como decía mi madre sobre los años transcurridos, “quién los cogiera y lo pasado, pasado”. Supongo que cada cual tendría su opinión más personal que se la guardaban para ellos y sin embargo qué frase ésa de “todos son iguales”, tan extendida desde siempre. “Aquí lo que hay que hablar es de salud y no de política ni de quitarle votos al otro”, sentenció el peluquero y digo bien, sentenció, porque es una sentencia sabia, surgida del sentido común que en este caso sí es el más común de los sentidos.

Cuando luego escucha uno a la clase política en general, empezando por el presidente, que intenta sembrar optimismo en un país con el récord europeo de paro, me pregunto si este personal ha perdido del todo la brújula y la chaveta. Hay un principio elemental en comunicación institucional que se le aconseja a los políticos: los tristes no ganan elecciones. Bien, pero eso es en tiempos alegres o relativamente alegres, no puede uno estar de bulla improcedente en un velatorio y España empieza a parecerse a un velatorio donde uno de los presentes, llamado Pedro Sánchez más Carmen Calvo y demás discípulos, discípulas y discípules, se arrancan contando chistes inoportunos. Cuando Tele 5 nos golpeaba la razón y la sensibilidad con las mamachichos y otras idioteces, estábamos en una de las habituales crisis del capitalismo. Sin embargo, Tele 5 era una fiesta continua, la TV espectáculo que le gusta a su dueño, Berlusconi, que se la trajo importada de EEUU y de América Latina. Sin embargo, la gente empezó a sentirse molesta con tanta algarabía y Tele 5 suavizó su alborozo crónico. Los receptores son bastante manipulables pero no son absolutamente imbéciles. Pues el presidente Sánchez da la impresión de que estima que los españoles son unos pasmarotes que se lo tragan todo.

Los comentarios en la peluquería -antes, en mi época, se llamaban todas barberías- los oí al día siguiente de hacerse públicas las últimas cifras del paro. Hay que arrimar el oído para saber algo de lo que la gente siente y piensa, los políticos lo saben y sus asesores se lo dicen y los informan. Sin embargo, en lo que a Sánchez se refiere, sólo le queda un cartucho: los 140.000 millones de euros de la UE. Lo que no les dice a sus ciudadanos con todo detalle es el precio en reformas sociales que hay que pagar a cambio de que te los den. Es un tipo listo, si te descuidas le puede vender un bloque de hielo a un esquimal. En las peluquerías te toman el pelo en sentido literal y uno se deja porque para eso ha ido. El señor Sánchez hace tiempo que nos lo está tomando en todo su sentido metafórico que a la postre resulta ser aún más real y encima doloroso.


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