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Tope al gas

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21 may 2022 / 10:40 h - Actualizado: 21 may 2022 / 10:42 h.
"Tribuna"
  • Tope al gas

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Hubo un tiempo que el gas servía para alumbrado. Hoy también, pero mezclado con otras materias primas, produce la electricidad con que alumbrar ciudades y viviendas, por tanto ayuda a veces a encender farolas y en sentido figurado siempre es bueno para los “faroles” presunción de políticos de todas las tendencias. Entre las extrañas decisiones de los políticos de la Unión Europea está la más que extraña e inexplicable, que más bien parece proteccionismo a las “pobrecitas” grandes compañías eléctricas, de permitir a España y Portugal poner tope al precio del gas, pero por tiempo limitado. Y cuando caduque la “graciosa” pero onerosa “concesión”, en un año, habrá que indemnizar a las “pobrecitas” —ellos dicen “compensar” sonido menos agresivo—, por lo que al final lo pagará el usuario, como de costumbre, con los intereses correspondientes. Intereses que en este caso corren a cargo del contribuyente para aumentar la deuda y dificultar más su liquidación sin esclavizar a la gente como ocurrió en Grecia, ya en poder de las grandes empresas alemanas. Bueno es recordar que hace ya tres mil años un rey “primitivo” Hammurabi, en un estado “primitivo”, Babilonia, otorgaba préstamos al 5% en franca competencia con los prestamistas profesionales para evitar la esclavitud de los deudores.

El caso es que no toda la electricidad generada tiene el mismo coste, lamentable olvido de la Comisión Europea y de los veintisiete gobiernos, no de las eléctricas que en tan comprensible como inadmisible maniobra, buscan obtener el mayor beneficio posible incluso maniobrando arteramente como es el caso. Porque el caso es que de todos los medios de producir electricidad, el gas es el más caro. Mientras los más usados como el agua y cada vez más las renovables tienen un coste de producción infinitamente más bajo. Otro coste es el del transporte que se podría minimizar limitándolo en lo posible, que posible es, pero no lo permite la llamada “liberalización”, responsable de que en vez de utilizarse la energía procedente de fuentes cercanas, se distribuye por todo el territorio estatal con el resultado de encarecer notablemente el precio final.

Este es otro tema. Volvamos a los precios de producción: ¿Por qué se valora un único precio final, aunque al proceder de varias fuentes cada una tenga un coste distinto? Porque no se halla una media que compense los diversos costos, sino que —vaya casualidad— toda se valora según el coste de la más cara en producción, precisamente la obtenida con gas natural. Esto se parece mucho a un fraude mayúsculo permitido y propiciado por las propias autoridades europeas. Lo lógico sería hallar una media entre los distintos costes de cada fuente de producción. Pero es más cómodo y más rentable el sistema actual. Más rentable para las eléctricas, que obtienen beneficios exagerados a las energías renovables y a la hidráulica. Se desconoce el interés de las autoridades en beneficiar de forma tan brutal a estas grandes empresas. Reitérese la pregunta: si el gas interviene en porcentaje más o menos pequeño en la generación de electricidad ¿por qué se impone su costo para calcular el precio final en vez de hallar la media de todas las fuentes utilizadas? ¿Favorece la UE expresamente la especulación eléctrica? Cuando menos lo parece, pero nadie da explicaciones al respecto.

Si así fuera sería causa suficiente para desconfiar del órgano ejecutivo de la Unión y de las leyes que lo sostienen y de exigir su inmediato cambio por unas cuando menos más equitativas, no en favor de una parte como domina ahora. Se entiende que las empresas quieran ganar más y cuanto más grandes son persigan mayor beneficio proporcional. Eso no significa que las autoridades deban claudicar ante ellas y carguen al contribuyente el exceso de beneficio económico de estas empresas, porque sería tanto como ponerse a su servicio, darnos el mensaje de que en la Unión Europea no manda el gobierno europeo, (la Comisión Europea) ni los gobiernos de los estados asociados, sino los grandes grupos empresariales, entre ellos en uno de los primeros puestos, las empresas productoras de electricidad.


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