lunes, 29 noviembre 2021
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Los medios y los días

Tras Halloween, Navidad a tope

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22 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 22 nov 2021 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Una mujer camina entre la decoración de Navidad en el mercadillo de Valkenburg, Holanda. . EFE
    Una mujer camina entre la decoración de Navidad en el mercadillo de Valkenburg, Holanda. . EFE

Para mí, nada más pasar Halloween empieza la Navidad, a partir de entonces, mientras escribo estas columnas que ustedes me aguantan, hay fondo musical navideño. Ahora, por ejemplo, está ahí entonando la London Symphony Orchestra. Al contrario de lo que les ocurre a muchas personas, a mí Halloween me gusta mucho, será porque vivo solo y llevo una vida bastante monacal en mi estudio y eso de que llamen a la puerta y al abrir unos niños disfrazados me digan lo de “Truco o trato” y yo les dé caramelos y luego llame otro grupo para lo mismo, me hace ilusión. Como es una fiesta europea copiada a su estilo por los yanquis me gusta más aún y aunque así no fuera, deberíamos ver en el consumo mesurado y racional algo positivo, es nuestro mundo, nuestra especie, que lleva comerciando desde que nació.

Pero la Navidad es algo grandioso, se celebra vida al tiempo que recordamos a quienes ya no están, si bien yo los recuerdo todo el año. Si mi padre y mis otros seres más queridos que han muerto vieran la Sevilla de ahora se entusiasmarían, yo la critico porque sólo de la crítica puede salir el avance sin que eso quiera decir que no la considere mi madre y mi madrastra porque la verdad es que con algunos de sus hijos se porta como una madrastra en su sentido más tópico. Menos mal que este diario me ha dejado este hueco para que me exprese y diga lo que otros muchos no me permitirían con tanta pamplina y tantos intereses extraperiodísticos como tienen detrás.

El punto de inflexión y la dicha total me la trajo el ayuntamiento de derechas cuando en Navidades convirtió el centro de Sevilla en una mezcla de cuento luminoso y comunicación interpersonal bajo el clima de Sevilla que a mí más me reconforta. La izquierda no tuvo más remedio que seguir ese éxito, no está peleada la celebración navideña con eso a lo que llaman progresismo porque en Navidad nació un progresista al que, como a toda persona que ha venido al mundo a predicar algo nuevo y acaso inalcanzable, le hicieron poco caso y sin embargo gracias a él tenemos las manifestaciones artísticas más increíbles. Algo similar le ocurrió al Zaratustra de Nietzsche cuando bajaba de la montaña a predicar el superhombre; como estaba fuera de su tiempo se reían de él.

Cuando eran pequeñas, se me ocurrió ponerles en video a mis dos hijas mayores la película La gran familia, de Alberto Closas. Como es tan antigua y en blanco y negro pensé que me correrían a gorrazos. Pero qué va, se entusiasmaron con ella. Una familia con catorce hijos, el más pequeño, Chencho, se pierde en Navidad en la Plaza Mayor de Madrid, entre tanto puesto navideño, ante la desesperación de su abuelo (José Isbert) que llevaba los niños a su cargo. Les pregunté a mis hijas si querían que fuéramos a ver el lugar donde se perdió Chencho que, por supuesto, apareció sano y salvo. Les pareció ilusionante y fuimos en Navidad un par de años a Madrid, mis pequeñas se emocionaban cuando estaban en la Plaza Mayor aunque a la vez se asustaban con tantísimo personal como hay por allí y por la Puerta del Sol, calle Montera y otras.

Ya han crecido y son mujeres las que siempre serán mis niñas, sus abuelos han muerto y otras personas muy queridas y queridas, también. Aman la Navidad sin ser religiosas. En Nochebuena, siendo yo un adolescente, cantaba con mi guitarra eso de “la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”. Y mi madre, que estaba a mi lado dando cuenta de una gamba, decía: “Y qué verdad es”. Nos iremos, sí, pero a ver quién nos quita lo bailao de haber estado en la Sevilla navideña y en la plaza donde se perdió Chencho para reaparecer después como reaparece cada año la Navidad con sus recuerdos y su dicha.


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