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Desde la espadaña

Tristeza en la Plaza de San Lorenzo

Llevamos tantos años destruyendo vergeles en esta ciudad con un ímpetu hercúleo que algún día, alguna generación, se preguntará qué fue de los jardines de Sevilla

05 mar 2020 / 09:13 h - Actualizado: 05 mar 2020 / 09:15 h.
"Patrimonio","Gavidia","Parques y Jardines","Desde la espadaña"
  • Plaza de San Lorenzo. / El Correo
    Plaza de San Lorenzo. / El Correo

Queda claro que Sevilla es una ciudad que después de vencer las primeras resistencias, enamora a cualquiera a través de sus seducciones más variadas; simplemente una seducción de encantos. Y en ese juego de ajedrez tan localista de calles y plazas siempre encontramos en Sevilla ese palenque al girar una calle y encontrarse de bruces con alguna plaza que por muy localista que sea, normalmente tiene grandes valoraciones espirituales y al final la encumbramos a una universalidad que difícilmente podemos hallarla en otras ciudades.

Durante estos días han desaparecido los plataneros de San Lorenzo; esos mismo que han podido ser disfrutados durante varias generaciones. Ha desaparecido un valor en esta plaza porque no se ha sabido cuidar y mimar a los protagonistas del lugar. Y me temo que con este tipo de acciones se está avisando desde el Consistorio (acuérdense hace unos meses en la propia plaza de la Gavidia), porque si el criterio y la interpretación sevillista no nos ampara desaparecerán otros iconos de igual tradición y enjundia de la ciudad.

Ciertamente, los técnicos de la Delegación de Parques y Jardines han dictado la fase terminal de estos árboles y ya recomendaron no sembrar más plataneros en la ciudad, pero no creo que el estado de pudrición se haya originado en un corto espacio de tiempo y si el diagnóstico de esta zona emblemática de Sevilla hubiese sido con mayor anterioridad, a lo mejor la metodología hubiese sido otra y no el apeo conjunto de 16 árboles. Cierto es que las elevadas edades de estos árboles no son achacables al ayuntamiento hispalense pero sí la presencia de hongos y las podas más que abusivas durante los últimos años.

De momento, y con esta falta de previsión que quita el hipo, la bella Plaza de San Lorenzo estará perdida en el recuerdo de todos nosotros. Durante los próximos años, la plaza se quedará vestida de luto, un luto de voz cuando se desemboque en ella y un luto de nuestros gestos cuando observemos que han desaparecido los plataneros. Aunque me pregunto si la genética del sevillano pasará por aguantar tanto maltrato y dejar que pase el tiempo donde habita ese olvido que tanto mal ha hecho a la ciudad en muchos aspectos de su identidad y patrimonio. Me temo que los nuevos vecinos arbóreos que van a plantar en esta plaza pueden crear un aspecto bien diferente al conocido hasta ahora porque cuando los nuevos inquilinos broten sus copas apretadas y compactas, no va a ver ser que observe los edificios de la plaza. A ver quién es el guapo que con su vista recorrerá la plaza entera sin moverse.

No es de recibo el maltrato que se hace en esta ciudad a la especie verde. Cientos de tocones sin reparar y alcorques vacíos o rellenos de cemento (cerca de 27.000). Veremos si esta nueva plantación se hace en las mejores condiciones si no queremos retroceder de nuevo dentro de unos años. Las calles y plazas de Sevilla no pueden ser protagonistas de estos apeos masivos porque toda la responsabilidad recae en un Consistorio que no ha sabido cuidarlos.

Este ayuntamiento lleva años tanteando a ciegas el parque verde de Sevilla porque estamos llegando a estas fases terminales cuando no debería ser así. Y si no es de recibo apear 16 árboles en San Lorenzo llenos de historia, acuérdense del año 2016 cuando igualmente se apearon ocho plataneros en la calle Palos de la Frontera junto al hotel Alfonso XIII y todavía a la espera de su reposición. Es esta ciudad se dejan morir a los árboles, se apean y comienza una nueva colonización que rompe con la belleza y la ordenación vegetal de generaciones.

A ver si se entera esta ciudad y sus responsables que los árboles de Sevilla son sus tapices y son cojines de fresco brocado verde donde descansamos cuando el Sol aprieta; y cada vez, durante más días en el año. Así lo tenían meridianamente claro los árabes y no conozco a ningún rey musulmán que se dedicara al apeo de sus árboles en la Alhambra o en el Generalife porque sabían de su significado. Sin embargo, en esta ciudad tendemos a la creación de explanadas pedregosas y a la aridez de una planicie que huele a tumba.

Fui testigo hace unos meses de como el actual Delegado de Parques y Jardines se refería a todos y a cada uno de los árboles de Sevilla como hijos de la ciudad, vecinos con identidad propia y con un DNI asignado. Pues mal lleva usted a esta familia sevillana si elimina de esta forma sin previsión y cuidados a estos hijos de la ciudad. Por eso, con esta orfandad arbórea que el ayuntamiento quiere vendernos sólo por el hecho de una urgencia cuando en realidad es producto de una falta de mantenimiento y atención (la de años que llevan los vecinos requiriendo atención por estos árboles) dejando una plaza armónica en un lugar de futuros silencios, un silencio que será palpable entre todos los que la atraviesen, debemos no callarnos porque nos jugamos la belleza de Sevilla. No volveremos en muchos años (quizás jamás) a escuchar a los vencejos revolotear nerviosos en cada amanecer de un Viernes Santo cuando el Señor de Sevilla vuelva a Su casa, ni el centelleo de los cirios iluminando las verdes hojas plataneras cuando la Virgen de la Soledad atraviesa la plaza dando el tradicional carpetazo a la Semana Santa....ni siquiera el eco mágico de la voz de Diego cuando su orden de abrir la puertas de la Iglesia de San Lorenzo se mezclaban con las ramas primaverales de aquellos, ya fallecidos, plataneros de San Lorenzo.


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