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Viéndolas venir

Un coñazo

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
24 nov 2019 / 10:37 h - Actualizado: 24 nov 2019 / 11:13 h.
"Viéndolas venir"
  • Un coñazo

El feminismo, que es una corriente en la que a estas alturas deberíamos estar todos implicados, tiene demasiada fe en que conseguirá sus resultados solo si decimos todos y todas. Pero yo no. Creo que no es el lenguaje el destinado a cambiar la realidad, sino al revés. Mientras no cambie la realidad, no cambiará profundamente el lenguaje. Otra cosa son las imposturas, la hipocresía, los artificios, que siempre está ahí cuando se los necesita. Sostienen los partidarios y las partidarias de decir ciudadanos y ciudadanas que este doblete es para visibilizar a la mujer, y su intención no es mala, pero sí ineficaz, porque, en el fondo, nada cambiará de veras mientras algo pesado o inaguantable lo verbalicemos, sin darnos cuenta, como “un coñazo” mientras que algo estupendo o célebre lo sintamos como “cojonudo”. El problema no está tanto en la expresión, sino en la conceptualización de lo que expresamos. Y eso no se cambia con parches.

El Gobierno mandó hacer incluso un informe a la Real Academia Española para adaptar la Constitución al lenguaje inclusivo, pero ahí ha quedado la cosa, de momento. De momento, las diferencias salariales, la violencia machista siguen su curso, e incluso el negocio de la prostitución y la industria pornográfica, y aunque todo eso es lo verdaderamente preocupante, se intenta arreglar la casa por el tejado. Aún hoy, después de tantos siglos en los que se han consolidado los genéricos masculinos en nuestra gramática, como en tantas otras, por una cuestión de eficiencia lingüística, resulta que pariente significa una cosa y parienta, otra. Cuando decimos un fulano no insultamos como si decimos una fulana, ni es lo mismo decir un zorro que una zorra. Pero creemos, con una ingenuidad insufrible, que todo terminará mejorando si la Constitución habla todo el rato de reyes y reinas.


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