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Desvariando

Una historia de Tomás y Mairena

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
08 feb 2020 / 08:47 h - Actualizado: 08 feb 2020 / 08:51 h.
"Desvariando"
  • Una historia de Tomás y Mairena

Tomás Pavón Cruz fue un cantaor sevillano (1893-1952), uno de los dos hermanos cantaores de la gran Niña de los Peines, el pequeño. El otro fue Arturo, padre del pianista flamenco de la Alameda Arturo Pavón Sánchez. Tomasito, como lo llamaba Pastora, era un genio y continuó la línea cantaora del jerezano Manuel Torres. Cuando murió este genio, en 1933, Tomás cogió el testigo del rey del cante de la Alameda y todos aceptaron el cambio de baraka. Tenía 40 años y era un cantaor de una calidad insuperable.

Cuando murió Tomás, el 2 de julio de 1952, en la Plaza de la Mata, Antonio Mairena quiso coger el testigo y ser el rey de la Alameda. Como conocía a Juan el Tanque, una especie de representante de artistas que buscaba fiestas a comisión, le planteó el reto y se puso a recorrer las tabernas de Sevilla diciendo que muerto Tomás, el trono era para el Niño de Mairena, entonces con 42 años y la fuerza de un caballo, pero muy lejos de la calidad del hermano de Pastora. Tanto insistió Juan el Tanque, con Tomás recién muerto, que llegó a oídos de Arturo y éste, de un carácter fuerte, lo buscó por las tabernas para ajustarle las cuentas.

Cuando por fin lo encontró en una tasca de la céntrica calle Compañía, le preguntó que si era verdad que iba diciendo por ahí que Mairena era el sustituto de su hermano. El Tanque le dijo que sí y tras una agria discusión, Arturo cogió una botella y se la partió en la cabeza, siendo detenido inmediatamente. Nunca hubo buena relación entre el hermano de Tomás y Mairena, a pesar de que eran de la misma familia por parte del padre del cantaor mairenero, Rafael Cruz Vargas, un herrero de El Coronil. Antonio escribió algo sobre Arturo y llegó a calificarlo de genio del cante, pero en realidad no lo admiró nunca como cantaor, seguramente condicionado por la política, puesto que eran de ideologías muy contrarias.

A pesar de la frustración, Antonio Mairena acabó siendo un cantaor admirado y respetado en la Alameda, y, aunque cantaba para bailar, pronto comenzó a estar considerado fuera de las fiestas. Le costó trabajo ser una primera voz porque tuvo la mala suerte de nacer en la misma época que otros genios como Vallejo, Caracol, Marchena, Pepe Pinto, El Carbonero y Juanito Valderrama. Solo cuando estos se fueron o entraron en decadencia logró hacerse figura una vez que Ricardo Molina le dio la Llave de Oro del Cante, en 1962.

En honor a la verdad, hay que decir que Mairena fue también un gran cantaor y que hizo bastante por los hermanos Pavón Cruz, a los que dedicó muchas líneas en sus artículos y libros, sobre todo por Pastora. Pero nunca, y le costó disgustos, logró coger el sitio de Torres o Tomás en la Alameda, en aquellos años el centro cantaor más importante del mundo.


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