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Una nueva esperanza

26 nov 2016 / 00:00 h - Actualizado: 26 nov 2016 / 00:02 h.

El desbloqueo institucional, así como el inicio de la Legislatura ha propiciado que comience a rodar de nuevo la maquinaria de la política en España. Podríamos decir que el primer envite populista en razón de la maquinaria táctica de aprovechamiento de la crisis ha sido superado bajo la estrategia de sumergirnos en el agua para que pase la ola, más que superarla por arriba con talento. Paradójicamente, otros países lo han pasado peor (Italia y sus cómicos o Gran Bretaña y su culpa a Europa) así como otros tienen en el horizonte desafíos como el Lepenismo (Francia es una Nación centralizada en lo administrativo pero rota en lo social) o el ascenso del desencanto nórdico. Estados Unidos ni es Europa, ni quiere parecerse a ella.

Ese contener la respiración que se ha practicado en España, unido a buena parte de la sensatez de los ciudadanos, que son mucho más inteligentes de lo que piensan los políticos, ha llevado a que la peor de las posibilidades haya pasado, de momento, de largo, y quede en el ciclo alcista de la economía la responsabilidad de explicar que el viejo leninismo totalitario no ofrece más que un montón de odios viejos y libertades coartadas. Ya se sabe la izquierda es la ideología que quiere hacerte feliz...pero a su manera. Asimismo, los nacionalismos burgueses no son más que grandes negocios orquestados desde unas élites que ven cómo su control peligra por la degradación del sistema.

Por tanto, ahora es el momento de que los partidos democráticos renueven sus estructuras y mensaje, antes que los totalitarios (en lo nacionalista, en lo económico o en lo social) justifiquen con nuevas excusas su necesariedad.

Desde una socialdemocracia en busca de sentido en manos del PSOE (con riesgo de verse absorbida), una nueva apuesta naranja con base nacional pero discurso inconsistente en la gestión (quieren aumentar el gasto y reducir los ingresos...) y base militante exigua, o un Partido Popular que abarca el mayor espectro ideológico de Europa (derecha, conservadores, democratacristianos, liberales y socialdemócratas moderados...) y que, contra todo pronóstico, ha conseguido no fracturarse y resistir en un gobierno complicado y en minoría. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. La última carta del mito del mal menor.

No tendremos otra oportunidad. No se puede vivir siempre de los votantes mayores de 65 años. Es hora de nuevas ideas, nuevos equipos y nuevos nombres. De la conquista del espacio social mediante la propuesta de una sociedad abierta en lo económico y en lo social. En caso contrario, allá, detrás la colina del regate corto, los tácticos de Gramsci siguen considerando que si se adueñan de la cultura, lideran la sociedad y encabezan la formación de los jóvenes, se adueñarán del Estado. Por lo pronto no dejaron hablar a un Presidente del Gobierno en la Universidad. No lo olvidemos.


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