domingo, 19 septiembre 2021
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La Tostá

Una piedra preciosa del mejor baile

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
27 ago 2021 / 07:44 h - Actualizado: 27 ago 2021 / 07:46 h.
"La Tostá"
  • Foto: Quico Pérez-Ventana
    Foto: Quico Pérez-Ventana

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Con cuarenta años de crítico de flamenco y cada día más alejado de los teatros, lo que de verdad me mueve de casa es lo que me conmueve, lo que se me mete en el alma. Anoche cerraban los Veranillos del Alamillo con un más que merecido homenaje a la bailaora y coreógrafa sevillana Merche Esmeralda, una de las piedras más preciosas del baile flamenco, como la definió anoche Manuel Álvarez, organizador y presentador del acto. El Cortijo del Alamillo albergó a muchas personas y otras se quedaron en la puerta debido a las estrictas medidas de seguridad contra la pandemia. Acudieron también artistas como Manuel Márquez El Zapatero, Cristina Hoyos, Pepa Montes, Juan Antonio Jiménez, Ricardo Miño, La Debla y Antonio Gámez entre otros. Hizo calor, mucho, pero en los cortijos, al llegar la noche, siempre refresca algo y se estaba en la gloria. La homenajeada estaba algo nerviosa, pero su anchurosa sonrisa lo iluminaba todo. Anoche era una mujer feliz rodeada de compañeros, amigos y familiares, entre otros, un hijo y dos nietas. No era para menos, porque se trataba de un homenaje de Sevilla, la ciudad que la vio nacer, crecer y hacerse artista del baile jondo.

Salvo el Compás del Cante, Merche no había recibido más homenajes y este de los Veranos del Alamillo le hizo mucha ilusión cuando lo supo. Al margen de que sea o no su tierra, un homenaje en Sevilla es siempre importante por lo que representa nuestra ciudad en la historia del flamenco. Sevilla suele ser cicatera con sus artistas, por eso el homenaje de anoche tuvo su importancia y la bailaora estuvo tan feliz que hasta se pegó una pataíta con arte y esa elegancia suya que es parte de su sello. Antes habían actuado en su honor el cantaor mairenero Antonio Ortega hijo con el guitarrista Marcos Serrato, el jovencísimo cantaor extremeño Julián Jaramillo, con Manuel Herrera hijo a la sonanta, y la bailaora Lucía la Bronce, que contó con la colaboración de alumnos de la Fundación Cristina Heeren. Nueva savia para rendir honores a toda una veterana del arte del baile, una destacada representante de la celebrada escuela sevillana, que sin ella sería menos sevillana, porque Merche Esmeralda tiene el perfume de Sevilla en cada movimiento dancístico.

Una noche mágica, con un buen fin de fiesta, que sirvió para hacer feliz a una gran artista que vive entre Sevilla y Madrid, que no es mala ruta para una flamenca.


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