miércoles, 05 agosto 2020
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(V) El arte en tiempos del coronavirus: borrón y cuenta nueva

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12 abr 2020 / 08:47 h - Actualizado: 12 abr 2020 / 08:47 h.
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  • Galerías de arte abren sus exposiciones en Barcelona en plena pandemia en línea con Sant Jordi.
    Galerías de arte abren sus exposiciones en Barcelona en plena pandemia en línea con Sant Jordi.

Esta serie de artículos que estoy dedicando a la situación en la que se encontraba el arte –antes, durante y esperemos que no continúe igual después del confinamiento y del Estado de Alarma en el que estamos, causados fundamentalmente por el COVID-19- no tiene su origen precisamente el 14 de marzo de este año 2020, fecha en la que el Gobierno central actual firma el R.D. por el cual todos los españoles o residentes aquí, debemos someternos a una serie de normas puesto que somos –como todo el planeta- vulnerables a ese virus letal, sino como vamos a ver, la situación en concreto del arte deriva de muchísimo antes.

Independientemente de que sea más que necesario asumir y aceptar todas las medidas para paliar el virus en las 17 Autonomías y en las dos ciudades autónomas, esta (situación) como muchísimas otras que se vienen arrastrando, procede de mucho antes de lo que algunos –en realidad creo que muy pocos- pudieran ahora imaginar y sólo que no pusimos entonces ninguna barrera.

No sólo en arte y no sólo por el virus, pues como estamos viendo, todo se va afectando cada día en muchísimos sectores de la población, en los que se está poniendo de manifiesto no otra cosa que la falta de previsión cuando no descaradamente el desvío de fondos –y vamos a dejarlo en que ciertamente se haya desviado, aunque sólo fuera para reformar los cuartos de baño de cualquier colegio público o cualquier despacho oficial -y por supuesto sin tener en cuenta el despilfarro en las miles de cosas que si no lo hicimos antes, convendría que nos detuviésemos ahora a reparar. Reparar en el doble sentido de la palabra: en el de mirar con atención y en el de reparación para que no ocurra NUNCA MÁS.

De manera que para quien todo esto afecta, desde el comienzo de la Transición y desde la misma entrada del país en la Democracia, con la entrada en la C.E., ..., se fueron creando en muchísimas ciudades españolas, una serie de Museos, Centros de Arte, sobre todo del contemporáneo aunque no sólo; macro-instituciones y Salas de exhibición de todo tipo y además por doquier, que dependían de los ingresos, las subvenciones, fondos y presupuestos públicos que podían aportar tanto el gobierno central en solitario, como de los autonómicos, los locales, las Diputaciones, los Ayuntamientos, consejos, parroquias, aldeas o pedanías, o incluso de todos juntos, y tal vez por ello, porque el dinero fluía por doquier, es por lo que fueron proliferando como las setas una serie de espacios por los lugares céntricos y más insospechados de nuestra ciudad, a título de ejemplo, que había que dotar y que llenar. ¿Con qué se hizo?, ¿qué tipo de baremo se seguía?, ¿con qué criterios de expertos se procedía?, ¿cómo se elegían a los gestores, pues aunque ajustándose a las leyes, en apariencia parecía que se ejercía de nepotismo, dactilismo, información privilegiada o enchufismo, y por último: ¿quiénes decidían las compras y a quienes?

Esta que está aquí, para nada critica ni pretende en absoluto que no existieran toda esa clase de museos, ni los etnográficos, monográficos, históricos, dedicados a personalidades relevantes locales, ni de cuantas cosas pudieran contribuir a situar a nuestro país como uno –otro- de los referentes del arte y la cultura internacional. Para nada. Estos museos y centros está claro que era algo que había de haberse hecho desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando las colecciones se sistematizan y en efecto comienzan a hacerse museos dedicados a autores, épocas o estilos.

Para nada tampoco voy a entrar al menos de momento, en lo que ha supuesto para las arcas españolas, sin fondos FEDER o además con ellos- en los Museos ni colecciones privadas, ni en el complejo abanico de Patronatos y Fundaciones, Asociaciones sin ánimo de lucro –o como suele decirse sinónimo de lucro- porque entonces, sí que habría que tener todo el mapa completo por delante y hacer como se está haciendo con la incidencia de la pandemia, una estadística, en este caso de la cantidad, la calidad, la incidencia de las obras construidas y adquiridas, la localización de los mismo y de las mismas, conocer el coste que supuso y supone su mantenimiento tanto material como el de personal, incluyendo aquí a la totalidad de un funcionariado que se extiende por Consejerías, concejalías, ministerios, entidades asociadas a su vez a otras entidades,...

Los Museos, como los Palacios de ópera, las macroestaciones o los macroaeropuertos, pero por encima de todo, los criterios que se han seguido a la hora de rellenarlos, porque a veces no son -o no parecen- otra cosa que la radiografía o la geografía del despilfarro.

Hablo desde Sevilla, donde los fastos de la Expo 92 nos dejaron unos edificios de vanguardia, unas obras de arte ciertamente de primerísimo nivel. ¿Dónde están ahora?, y hablo de unos años de bonanza que debieran haber sido más precavidos de cara al futuro y a lo que ha llegado sin embargo no es a otra cosa que: al cierre del antiguo Museo de Arte Contemporáneo situado en pleno Centro, sustituyéndose por un bellísimo lugar, por supuesto, pero sólo que bastante retirado y sobre todo que se destina a exposiciones temporales, con la imposibilidad de ver los fondos de todos los autores, que entonces sí eran y lo seguirán siendo para siempre, extraordinarios autores de primera línea no sólo local, nacional, sino internacional, al menos bastantes de ellos. Museo que se abrió para más inri en 1972, en plena dictadura, gracias al empeño entre otros de Víctor Pérez Escolano, su primer y ejemplar director.

Las consecuencias de ese cierre ha sido nefasta porque ha impedido que generaciones enteras o promociones de Bellas Artes, Hª del Arte, Artes Aplicadas,...y aficionados en general, conozcan a sus inmediatos precedentes, a los notables, buenos, magníficos, extraordinarios o discretos autores de la que se ha llamado Generación Perdida. Perdida no sólo por la Guerra o la Postguerra, sino por la decisión de cerrar ese lugar que como todo lo que sirve de reflexión o de recreo para la mente o el espíritu ¿o es que tampoco nos acordamos de eso?, es o debería serlo de recomendada visita hasta de la primaria.

Políticos en el poder, directivos o gestores de estos museos, procedentes no sólo del ámbito del arte, sino de cualquier sector profesional e incluso sin necesidad de tener un título no ya universitario, no ya lo hiciera por correspondencia que se hacía antes, ni online ahora, sino ninguno, porque no era requisito para comandar una nave que a algunos les ha venido demasiado grande. Otra de las consecuencias para acceder a estos centros, ha sido el papel protagonista que adquirieron los galeristas, algunos con muchísima formación, conocimiento, años de experiencia acreditada y de duro trabajo con los artistas que también ellos han logrado sacar adelante, como fue, sigue y esperemos siga por muchos años Rafael Ortiz y su familia, o cualquiera de los que lamentablemente han debido de cerrar porque por otra parte ni se ha hecho o no se aplica al 100% la Ley de Mecenazgo, ni se fomenta el coleccionismo como si este estuviera fuera del alcance del pueblo llano. No entro en oportunistas que han usado el arte para evasión fiscal o para cuestiones espúreas en su propio beneficio.

El hecho que se haya permitido la entrada en los centros de arte, de artesanías, ... de mucha basura; el no menos grave de que no se haya tenido en cuenta la durabilidad o conservación en el tiempo de algunas obras hechas con materiales efímeros (no que sean ex profeso hechas como tales siempre que se advierta y adquiera sabiéndose que se han hecho con tal fin), o sin ir más lejos, lo que se ha hecho siquiera en algunas ocasiones durante los últimos años, al adquirir obras hechas con copias digitales (numeradas -o peor, sin numerar), son graves cuestiones que deberían hacernos pensar en cómo y porqué hemos llegado a esto.

En el número III fui algo optimista con respecto al futuro después de la pandemia, en el IV fui bastante derrotista ¿a qué negarlo? Lo que nunca negaré es la esperanza, ni el derecho al pataleo, a las reivindicaciones justas, equitativas y dignas por parte de este sector, que como muchísimos ahora, lo está pasando lo que se dice “canutas”. Y bien, como siempre os deseo: ¡Salud y Fuerza, hermanos!

Una aclaración con respecto a la tristemente obra del plátano –y no es que la haya cogido con esa fruta al estar cerrada la frutería de mi barrio y no pueda comprar otra- sino porque lo que se compra –o se vende- no es una pieza del género “musa” ni de la especie ” acuminata, paradisiaca o balbisiana”, sea de Canarias o de Hawai, sino la idea. La idea de colgar un plátano y sustituirlo tantas veces se quiera. No es la obra, es la idea, y esa sí que es otra de las razones del estado actual de la cuestión. Aclaración de mi amiga Pau, también artista. Quiero pensar, que a partir de ahora, se hará también aquí borrón y cuenta nueva, exigiendo mucha más transparencia y responsabilidades de la que hay.


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