jueves, 22 abril 2021
20:54
, última actualización
Desvariando

¿Va la saeta para el garaje?

Image
Manuel Bohórquez @BohorquezCas
04 abr 2021 / 09:45 h - Actualizado: 04 abr 2021 / 09:04 h.
"Desvariando"
  • ¿Va la saeta para el garaje?

Este año he escuchado muchas saetas en las redes sociales y creo que el palo va camino del garaje. Es increíble cómo los intérpretes se han ido quedando con dos o tres estilos, cuando hay decenas. Un día le llevé a Antonio Mairena a su casa Nervión una colección de discos que acaba de salir al mercado, Los ases del flamenco (1978), y cuando vi el elepé del Niño Gloria le dio una alegría inmensa porque, según me dijo, era su saetero preferido, quizá junto con Manuel Torres. Los dos fueron jerezanos y verdaderos genios del cante. Sin ellos la saeta sería menos flamenca, sin duda alguna.

Aquel día Mairena me habló de esto mismo que hoy traigo aquí, el hecho de que se esté reduciendo la saeta a tres estilos, casi siempre con la misma salida, larga y tediosa. “Cuando era niño, solo en mi pueblo había varios estilos, como en Arahal y Marchena, Cabra y Arcos de la Frontera”, me dijo el gran maestro, preocupado ya por el futuro de este cante andaluz. Sevilla ha sido una de las ciudades más saeteras de Andalucía, con grandes intérpretes nativos y los que llegaron de fuera, como Torres y el Gloria.

En los años veinte y treinta del pasado siglo, con la saeta ya consolidada entre los artistas flamencos, cada noche de Semana Santa era un verdadero mosaico de estilos, con Manuel Centeno y Manuel Vallejo en San Lorenzo, el Gloria y Manuel Torres en la Campana, Pastora y Tomás en San Román y la Finito y Mazaco en Sierpes. Sin contar con los clásicos espontáneos de los barrios ni con aquellos que llegaban de los pueblos más saeteros, como Mairena del Alcor, Marchena o Arahal.

Entre las mismas figuras los había muy distintos, como Pepe Valencia, que se llamó José García González (1909-1981), eligiendo el segundo apellido de su padre, Vicente García Valencia, como nombre artístico. Este colosal saetero sevillano tuvo un estilo propio, único, que tenía poco que ver con los de Centeno, el Niño Gloria o Tomás Pavón. Era una saeta puramente sevillana, sin influencias jerezanas o gaditanas, con la que ponía a hervir la Encarnación y la calle Cuna en la Madrugá.

Pero además de fuerza, técnica e impronta personal, los saeteros de antaño tenían una enorme capacidad para transmitir la emoción del cante jondo. El Niño de Fregenal me contó que una noche vio cómo tras cantar dos saetas cada uno, los hermanos Pastora y Tomás acabaron abrazándose y llorando de emoción. Podían tener una mala noche, pero cantaban desde el fondo del alma y cuando Tomás decía aquello de Detente, Judas, en la venta, los gitanos dejaban pedazos de camisas en el suelo.

Hoy hay grandes voces, sin duda alguna, pero te llevas toda la Semana Santa a ver si alguien te parte el alma con una saeta y llegas al domingo como si no hubieras empezado a escuchar.


Edictos en El Correo de Andalucía