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Los medios y los días

¿Valió la pena traer la democracia?

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18 sep 2022 / 04:00 h - Actualizado: 18 sep 2022 / 04:00 h.
"Los medios y los días"
  • Imagen de las colas en los colegios electorales durante las primeras elecciones generales. / EFE
    Imagen de las colas en los colegios electorales durante las primeras elecciones generales. / EFE

Sí, claro que valió la pena traer la democracia. Valieron la pena las detenciones, torturas y asesinatos. Como mi maestro principal, Nietzsche, creo que la democracia es un mal necesario. El voto de la gente sirve para templarles las hormonas y los músculos a los hombres y mujeres alfa cuando ellos no se ponen de acuerdo. Los sindicatos -que tanto dejan que desear- son útiles para contrarrestar algo el lobo que es el para el hombre el propio hombre. La prensa sirve con su parcialidad descarada para saber lo que piensan unos y otros, los buenos y los malos, es un auténtico sacrificio diario el que hacemos algunos sufriendo que un medio te diga siempre que la derecha es mala y el otro que la negativa es la izquierda, algo imposible desde el punto de vista científico pero los medios dicen lo que desean sus clientes que les digan. Mejor eso que una sola voz y que las emisoras de radio tengan todas que conectar con RNE a la hora de los informativos como sucedía cuando el franquismo o que haya que presentar el contenido de un periódico al ministerio de información y turismo o al de interior antes de editarlo para pasar la censura.

Lo anterior no quita que esté hasta la coronilla de cómo se nos presenta la vida democrática, que parece una revista del corazón a lo bruto o un programa de sucesos. Peleas y más peleas en las cúspides. Mi padrino sentenciaba: “Mientras haya dos, habrá guerra”, es decir, el follón lo ha habido siempre y, cuando Franco, estaba oculto: Franco contra la Falange, por ejemplo; el Opus a favor de unos ministros y en contra de otros, los tácitos contra los franquistas acérrimos, etc. Ahora el jaleo se ha duplicado, triplicado y cuadruplicado porque a los medios les gusta exagerar lo que ocurre y porque todo el mundo desea ser el rey del mambo y tener sus minutos de gloria. Hubo un tiempo en el que se decía que la gente se dividía en dos: quienes habían salido en TV y quienes no. Ahora no hace falta ser relevante para salir en TV y si no tienes esa suerte te montas tú solo un chiringuito con la tecnología.

Lo que jode es este clima en el que lo judicial tiene todo el trabajo del mundo y, como diría Paco Gandía, si todo el trabajo lo tienen los juzgados por eso hay tanto paro en España. Eso y el chismorreo continuo que lo acompaña. Creí que en la democracia se iban a debatir ideas, no exabruptos del más eres tú, eso es de una bajeza y de una pobreza intelectual tremenda que con frecuencia va acompañado de insultos, injurias y ultrajes, muchos de los cuales ya por un oído entran y por otro salen. Si todo fuera a los tribunales en Estepaís no se haría otra cosa que declarar ante los jueces y jugar con el móvil.

El gobierno decide algo y la oposición lo lleva a los tribunales. La derecha, en realidad, no sabe qué hacer con el aborto porque entiende más de eso que la izquierda o quién se ha llevado toda la vida buscando clínicas seguras fuera de España para que las niñas aborten con garantías en lugar de desangrarse en un lugar clandestino de Portugal al someterse a una intervención de ese tipo... Hay una pugna generacional en este tema, Ayuso no opina lo mismo que Feijóo.

La izquierda está ahora más dividida y confundida que antes cuando era clandestina. Legaliza a la izquierda, dale votos y sillones y tendrás varios partidos en uno, eso lo da su Historia y las nuevas generaciones tan enemigas de la jerarquización y tan amigas del postureo y de ese coladero de mediocres, oportunistas y listos que se llama igualdad. Además, el mundo construido por el capitalismo le está pasando por encima y no es ella quien lleva a cabo eso que decía –“otro mundo es posible”- sino que quien lo va concretando a palos de ciego es la derecha y el capital.

La democracia saca todo esto a la luz, con Franco vivíamos en un orden implantado que emocionalmente puede levantarnos nostalgias a la vista de lo que vemos. Era un orden falso. Pero, cuidado, hay una película que acaba de empezar, lo que acabo de decir es cosa de un intelectualucho como yo que da clase a una minoría de buena gente y a una mayoría de chavales desorientados. Hay millones de personas apoyando a Vox, a los mandatarios de Hungría, Polonia, a Putin, al regreso de Trump y de la extrema derecha en Italia; en Francia se fortalece el fascismo, en Dinamarca y en Suecia igualmente. Cuidado, que siempre ha existido más de un treinta por ciento de población que ha apostado por el orden, ante todo, un orden que ya sabemos lo que significa.


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