sábado, 18 enero 2020
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Vas a morir al estilo Juárez

Pepa Violeta Pepavioleta /
15 sep 2019 / 08:56 h - Actualizado: 15 sep 2019 / 08:58 h.
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  • Vas a morir al estilo Juárez

Con esta frase espeluznante amenazan los hombres a las mujeres en Juárez, México. Sembrando terror, miedo y violencia. Ejerciendo control y poder. Ante la impasibilidad brutal de un mundo que no se cansa de mirar a otro lado.

Apuesto sin riesgo a equivocarme, que muchas personas tendrían serias dudas a la hora de definir feminicidio y qué significa morir al estilo Juárez. Fuera de América Latina, ya se están escuchando cada vez más los casos sin resolver de feminicidios, para hacer referencia a una violencia extrema en la que se incluye la tortura y el posterior asesinato de mujeres y niñas. Eso significa morir al estilo Juárez.

En la civilizada Europa estamos acostumbrados/as a tratar casos de violencia de género, abusos, violaciones... y nos sentimos hasta incluso cómodos/as con los conceptos. Sabemos de lo qué hablamos, nuestro código penal lo recoge y acota. Aquí se asesinan a mujeres, sin más. No hay tortura, ni mutilación por lo general. Ni lo más importante, mafias que comercialicen con sus órganos o filmen la muerte en directo para hacer negocio con este material audiovisual. Snuff movies, que llegan a alcanzar en el mercado negro cifras sólo aptas para bolsillos millonarios. Hombres, poderosos dispuestos a pagar cantidades ingentes de dinero por material audiovisual en las que mutilan, humillan, violan y torturan a mujeres en directo. El tradicional cine gore se queda corto, ante este despliegue de violencia explícita-extrema.

Esta escoria se mueve por el mundo con total impunidad desde hace años. Somos cómplices de estas atrocidades, porque somos conscientes de que vivimos inmunizados al dolor ajeno y no movemos un dedo. El sistema que dirige nuestros movimientos e inocula desidia sigue haciendo su trabajo y nadie echa el freno.

Pero somos Europa y por eso no podemos olvidarnos de las obligaciones a las que tenemos que atender, aunque por lo visto estas obligaciones pasan por mojarse poco, vaya a ser que nos metamos en líos.

¿Para qué mancharnos las manos si ya hay kamikazes dispuestas a defender a unas mujeres de las que nadie sabe su nombre y a las que nadie echará de menos? Para eso están mujeres como Princesa o Lydia Cacho. Para gritarle al mundo lo que está ocurriendo en Juárez. Qué sentido tiene enfrentarnos al poder y a la corrupción si ya hay varias insensatas que acaba de encañonarse.

Hace 15 años, tuve la oportunidad de conocer a Lydia Cacho, con motivo de una conferencia que ofreció en Sevilla. Estaba invitada por la Universidad, para contar en primera persona todo sobre su investigación periodística, con la que había conseguido desentramar una mafia de pederastas dedicada a la explotación sexual de niñas en México. Periodista, escritora, feminista, conferenciante y activista de los derechos humanos, Lydia ha recibido reconocimientos internacionales por investigar crímenes y desarrollar herramientas sociales y por su labor en enseñar nuevas técnicas de cómo enfrentar la esclavitud y la trata de personas más allá de las fronteras de su propio país. Ha conseguido fundar un refugio para mujeres de alta seguridad en México (CIAM Cancún A.C.) y gracias a su trabajo investigador, logró la primera sentencia por tráfico sexual de niños/as y pornografía infantil en México y en Latinoamérica. Vive amenazada de muerte desde 2005 por el pederasta Jean Succar Kuri que fue condenado a 112 años de prisión, por José Ramón Hernández, ex agente del Cuerpo Especial Antisecuestros de Torreón y por Alfredo Jiménez, presunto narcotraficante, por defender a las parejas sentimentales de éstos y protegerlas. Demasiados enemigos que justificaban con creces la escolta con la que entró Lydia en el acto académico del que fui testigo. Ella reconoce no tener miedo y a día de hoy sigue milagrosamente viva.

Otra mujer que también han denunciado el silencio entorno a la desaparición y asesinato de mujeres en Juárez es Princesa. Un pseudónimo bajo el que se protege una luchadora que trabaja cada día por completar un mapa en el que marca con cruces, cada una de las desapariciones denunciadas. Con la esperanza de que este grito agonizante y desesperado llegue a Europa y a EEUU y decidan ponerse manos a la obra para acabar con esta epidemia. Una forma también de que las familias de las desparecidas, se vean arropadas por otras que viven el mismo calvario. Un mapa que visibiliza y estrecha lazos.

Según Europol, la prostitución de menores es uno de los negocios más rentables del mundo. Los clientes están dispuestos a pagar lo que sea necesario por tener sexo con un/una menor, aprovechado los vacíos jurídicos de algunos países.

Por otro lado, según el recuento de la Red Mesa de Mujeres, de 1993 a 2017, se han registrado más de 1.600 asesinatos de mujeres. Las mujeres se enfrentan a los feminicidios, pero también a las desapariciones, la violencia intrafamiliar, los abusos sexuales o la trata. La cultura de la misoginia campa a sus anchas. El patrón de violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez encierra además a traficantes de órganos, realizadores de cine snuff, tratantes de personas y asesinos en serie, que hacen uso de la violencia más extrema a sabiendas de la impunidad que los protege.

El silencio también mata. Casi la mitad del municipio está en calidad de desaparecida y la otra mitad bajo la arena del desierto. Ciudad Juárez es territorio de nadie y de todos. Ser mujer, es lo peor que puede sucederte si vives allí. A Lydia sólo le hizo falta observar el rostro de una niña asustada que le preguntó ¿verdad que tú no vas a dejar que nos hagan daño?, para dedicar su vida a perseguir a los culpables. A los que robaron la infancia de estas criaturas y siguen asesinando a mujeres en todo el mundo. Como ella bien dice, ese fue el transmisor que faltaba para activar el engranaje. Todo lo que ha ocurrido hasta día de hoy es producto de ese encuentro que narra la periodista. Y nosotros/as... ¿cuánto tiempo más vamos a seguir ignorando esta masacre? ¿Cuántas niñas más tienen que hacer la misma pregunta?, ¿cuántas mujeres más vamos a dejar asesinar al estilo Juárez?


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