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Veintisiete son muchos grados

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06 ago 2022 / 10:31 h - Actualizado: 06 ago 2022 / 10:33 h.
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  • Veintisiete son muchos grados

27 son los grados mínimos de temperatura en verano, contra lo que Ayuso —a pesar de la demagogia acendrada de la extrema derecha— ha sido la primera en patentizar su obsesión de combatir al gobierno, lo haga mal o bien. Es su estilo. Si se le puede llamar estilo. 27º es una temperatura alta y la UE no suele tener en cuenta las diferentes condiciones climáticas de cada lugar, pero el Decreto incluye “algo” más que la temperatura mínima. Ayuso ya se opuso, junto con Juanma a resolver el problema de la vivienda en inmoral terna con los ultras. Ahora se opone a ahorrar energía. Se opone a la Unión Europea aunque quiere hacernos creer que, una vez más, se opone al gobierno, que para eso debilitarlo es su obsesión. Extraño tándem con Euskalherría aunque estos pretenden tumbarlo porque, dicen “el gobierno no cuenta con ellos”.

¿Tendrá mecanismo la UE para sancionar a una Comunidad Autónoma? Más que nada para que no tengamos que pagar los demás la actitud soberbia y obstructora de una mujer instalada sobre la oposición permanente, se trate de lo que se trate y un gobierno vengativo. Ahorrar energía es una necesidad y no la resuelve —como quieren los ultras— la energía productora de residuos. Como necesidad es también solidaridad, actitud desconocida por los negacionistas, cuando apoyan la oposición a arrimar el hombro, con independencia de los defectos de que pueda adolecer el decreto, el principal la temperatura mínima demasiado alta, es cansina la cerrazón de Ayuso para entorpecer al gobierno con el fin de minorar su eficacia o hacer creer que la minora porque, aunque sea “deber de la oposición oponerse”, no es deber sino traición cuando perjudica a la mayoría.

Los ultras sólo piden bajada de impuesto, les repugna que sus amigos del IBEX puedan ganar un poco menos, y Díaz Ayuso argumenta falazmente que las calles comerciales “estarán tristes a partir de las diez de la noche”. En realidad tan “tristes” como las calles no comerciales; pues de eso no se había dado cuenta, ¡angelito! Tal vez a los grandes almacenes no les preocupe consumir para lucir sus escaparates cuando nadie o casi nadie los mira. Pero el comercio mediano y pequeño notará positivamente en sus bolsillos el no mantenerlos encendidos durante la madrugada. Esto es sólo un valor añadido al decreto. Uno, nada más. Uno más frente a la obsesión ayusera de criticar al primer gobierno con algo de sensibilidad social, que de la crítica, incluso la muy infundada, siempre queda algo, eso sí que lo tiene claro. Por eso su obsesión de oponerse a todo, aunque su oposición perjudique claramente a todos, como en este caso.

Ambos callan ante el hecho irrefutable de que Europa se enfrenta a una crisis de energía. Una crisis provocada por dos factores: en primer lugar la prolongada oposición a la utilización de energías alternativas, energías que no agoten las posibilidades de suministro de la Tierra, y eso es achacable a los gobiernos, débiles ante las energéticas, principalmente a los partidos que, como el “Popular” y Vox niegan el cambio climático para facilitar el enriquecimiento inmediato de las empresas más poderosas y se niegan a las energías limpias, con lo que también se eliminarían vertederos y se reduciría contaminación. En segundo lugar porque se ha avivado una guerra que se podía haber evitado, pero la necesidad de USA de humillar al gigante euro-asiático, se ha hecho necesidad para Europa, por extensión provocada. Dos factores a los que Isabel Díaz Ayuso no es ajena, como no son ajenos los partidos que la apoyan si se trata de hacer lo que sea preciso con tal de satisfacer el placer, la estrategia y la necesidad de vender armas, del gigante americano.

En la aparente “acera de enfrente”, la Ministra de Defensa acusa de la guerra en exclusiva a Putin, pero calla de forma indecente, al mejor estilo de la ultraderecha, los crímenes del Batallón Azov, ejército mercenario de ideología nazi, integrado en el ejército regular de Ucrania. ¿Quién financiaba a los nazis ucranianos hasta ser absorbidos por el propio Estado? ¿Quién ha financiado al nazismo en Europa y quien está financiando la prolongación de una guerra suicida, que será incapaz de humillar a Rusia, pese a todos sus errores y horrores? ¿Cuánto se está hipotecando Ucrania en una reconstrucción que sólo podrá ser acometida por Estados Unidos y Alemania y en menor medida por el resto de la Unión Europea en otro reparto usurero similar al de la “recuperación” de Grecia?

Margarita Robles, interesadamente, no habla del nazismo, verdadero promotor físico, verdadero desencadenante, que masacraba a los habitantes del sur y el este de Ucrania. Margarita Robles ante las cámaras de TV sólo justificaba la inversión militar en que es, dice, “creación de puestos de trabajo”. Tampoco reconoce que ese mismo gasto, invertido en creación de industria y mejora del campo, resultaría infinitamente más rentable en recuperación económica y en aumento del empleo. Pero al Nuevo Orden Mundial, al que obedece, no le interesa la industrialización. Sólo le preocupa el dominio del mundo, incluida España, a la que “unos” y “otros” dicen amar y defender.


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