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Victoria Abril enfadada y bragas al viento entre infidelidades

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28 sep 2021 / 08:45 h - Actualizado: 28 sep 2021 / 08:45 h.
"Opinión","Televisión"
  • Victoria Abril enfadada y bragas al viento entre infidelidades

Las noches frente al televisor comienzan a ser desquiciantes y abrumadoras. La de ayer nos dejó momentos maravillosos por lo patéticos que resultaban. Es tal la vergüenza ajena y el desencanto que nos hacen sentir algunas personas que terminan convirtiendo el momento en un excelente divertimento. Si un telespectador logra superar la barrera que separa lo bochornoso de lo cómico, puede pasar un rato disparatado e hilarante.

Victoria Abril mostró, hace unas semanas, su cara más negacionista (dice que la pandemia es un montaje y que el SARS-CoV-2 una patraña) y su mala baba al hablar de Pedro Almodóvar, un realizador que lanzó a la fama más absoluta a la actriz. Ayer, guisando en ‘Masterchef Celebrity’ enseñó la patita de la soberbia, de la arrogancia y de un infantilismo tan lamentable como sorprendente. Victoia Abil es negacionista de las buenas formas. Si recibe una orden deja de respirar; si las cosas no son como ella quiere ya no juega. La tolerancia al no de Victoria Abril es directamente proporcional a la inteligencia que siempre demostró. La actriz Verónica Forqué ya hizo lo mismo en programas anteriores aunque se está retractando. Insoportables las pobres. Eso sí, la señora Forqué parece ser que cocina con gusto.

‘Masterchef Celebrity’ se está convirtiendo en un programa del montón en el que los valores que se manejaron en las primeras ediciones tienden a difuminarse con cierta velocidad. No falla, si aparecen los famosos y sus representantes, todo se va al carajo.

Si lo del programa entre fogones es de coña, lo del show que han montado con unos jóvenes infieles como protagonistas, no tiene nombre. El programa se llama ‘La última tentación’. Al más listo del programa le da para levantarse por la mañana y no sufrir una embolia con el primer pensamiento (me apetece un cruasán o algo así, que nadie piense en fórmulas matemáticas o algo parecido). Incultos, superficiales, vacíos, empalagosos, necios y maleducados. Así son todos, no se libra ni uno solo de ellos. El programa, que va de probar hasta dónde eres capaz de llegar sin meter mano al de al lado, es un monumento a la zafiedad y a la falta de decoro y dignidad. ¿Qué pensará la madre de esa joven que, en cada edición del programa, se la ha jugado a los diferentes novios que ha tenido? A mí, personalmente, no me gustaría ni un pelo que mi hija, o una sobrina, e incluso una conocida, ventilase sus cosas de alcoba frente a decenas de miles de personas.

Fiestas, piscina, alcohol y bragas y calzoncillos al aire. Eso es lo que triunfa entre los jóvenes españoles que ven l televisión. Vamos bien, vamos bien.

Por cierto, los que se empeñan en decir que este tipo de programas son un reflejo de la realidad, mienten para tratar de justificar la vida que llevan o quieren llevar. Las universidades están llenas de chicos y chicas que se empeñan en esforzarse para prosperar. Las casas están llenas de chicos y chicas sensatos que piensan más allá de la bragueta. Un reality no es reflejo de nada que no sea el propio programa. Ni las cocinas que montan en Masterchef, ni las casas de lujo llenas de descerebrados que escriben su nombre con dificultad, dibujan lo que es la sociedad española. Que no, que no, que todavía tenemos futuro.


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