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Los medios y los días

Vivir no es igual a existir

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07 sep 2020 / 04:05 h - Actualizado: 06 sep 2020 / 13:09 h.
"Los medios y los días"
  • Vivir no es igual a existir

Lo que nos está impidiendo la pandemia es existir y sin existir al ser humano se le hace más cuesta arriba vivir. Esto no es nuevo pero el Covid-19 lo ha acentuado mucho. Antes de la pandemia ya había aumentado mucho el índice de suicidios entre toda la población, especialmente entre los jóvenes, lo cual es como para preocuparse seriamente, para quitarnos el sueño porque cuando un joven se quita la vida toda la especie humana se muere un poco más.

En 2016, el que fuera primer Defensor del Menor de la Comunidad Autónoma de Madrid, Javier Urra, psicólogo forense, declaró a Diario de Sevilla: “Los niños tienen que saber que la vida les vencerá, que hay dolor, que hay sufrimiento... porque en España de lo que más mueren los jóvenes de 18 a 24 años es de suicidio, hay que hacerles resilientes”. Estas palabras vienen muy al caso en estos momentos de inicio de los cursos docentes, desde la primaria hasta la universidad. Educar en el engaño y en la fantasía no sirve de mucho salvo para que el topetazo con la vida real sea más fuerte. Antes de adoctrinar a lo niños con deseos sobre la paz hay que decirles que la especie a la que pertenece siempre se ha matado entre ella y siempre se está preparando para la guerra. Por ejemplo, hay que explicarles que la OTAN no deja de provocar a Rusia y la ha cercado totalmente, a un país que dispone de una potencia nuclear y de defensa enorme, ahora reforzada por su unión con China y Bielorrusia. Eso y otras sangrantes realidades hay que explicarlo desde la niñez hasta la universidad para que se pueda dotar de verdadero sentido a la necesidad de la paz, pero pintar las manos de blanco a los niños no deja de ser un día festivo fuera del contexto en el que se habita.

Si no se da un cierto grado de sufrimiento, de acuerdo con la edad década uno, no existirá verdadero amor a la vida y deseos de existir. Ese sufrimiento no tiene nada que ver con el martirio ni la dependencia religiosa sino con la creación en las mentes de que para lograr algo es preciso el esfuerzo y la autosuperación, con la ayuda de los demás. El esfuerzo lleva a valorar lo que se ha alcanzado. Ahora hay que ser sincero con los niños y jóvenes y explicarles sin tapujos cómo enfrentarse a la pandemia, nada de encerrarse en casa, de fabricarse una cárcel para que los demás trabajen por uno, nada de huir los mayores, los educadores en general, de sus responsabilidades para con sus descendientes, sus discípulos, y para con ellos mismos. No se puede amar a los demás si uno no se ama a sí mismo y barre su propia casa todo lo que le sea posible porque no somos perfectos.

Lo que acabo de decir son algunos de los pilares del existir. Esto de vivir y existir se lo copio a mi añorado colega el profesor y psiquiatra Federico Wamba Magallanes, no necesito irme más lejos, a Federico lo tenía cerca, aquí, en Sevilla, y me daba sus libros para que les echara un vistazo redaccional antes de publicarlos. En uno de ellos afirmaba que, vivir, vive una planta y un galápago, pero existir es algo humano: conlleva una ilusión, un plan de vida, una esperanza sólida, todo aquello que impulse a levantarse por la mañana. Y resulta que, ya desde mi punto de vista, el mercado salvaje primero y la pandemia ahora nos están robando las ganas de vivir a base de quitarnos el hecho de existir. El mercado salvaje les ha robado el futuro a millones de personas y la pandemia no permite ni hacer planes a corto plazo para acudir a un acto formativo de cualquier índole o para tomarse un tiempo de vacaciones o darle un abrazo a los seres más queridos que se tengan en este mundo. Por tanto, hace falta resistencia porque ya sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes para vivir y existir con mayor intensidad.

Y hasta aquí mi homilía laica de hoy.


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