miércoles, 22 enero 2020
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Vuelve Cruyff, se va Quique Setién

15 ene 2020 / 08:29 h - Actualizado: 15 ene 2020 / 08:32 h.
"Real Betis","Twitter","Historia","Barcelona","Real Madrid"
  • Quique Setién. / EFE
    Quique Setién. / EFE

Que me dejen de historias. Hoy no me pone la pasarela de Ministros (perdón y Ministras) alrededor de la Moncloa, ni siquiera con Doña María Jesús haciendo de musa...

La noticia es Quique Setién. Una pizca nos pertenece, (hay algo en el aire y no sé qué es) que se va con él y nada menos que al Barcelona....

Y es que su irrupción en el Barca es un cachito nuestra también.

Alguien que como él, tiene como slogan en Twitter algo así como “casi seguro que teneis razón en todo, pero si os parece mal prefiero equivocarme a mi manera”, debe ser un tipo genial y por ello nunca hallaré consuelo en el desdén del Betis.

La llegada de Setién al Barca tiene algo de dulce, quizás porque no se va al Real Madrid, que eso sí que no tendría perdón.

Pero guarda un aroma agrio de las despedidas sin reencuentro, frente a quienes intuíamos que algún dia pisaría -como un milagro de la primavera- el verde de Heliópolis, que tampoco sé el empeño en llamarlo La Palmera.

Y eso quizás cuestione dónde ha quedado lo que significó lo verdiblanco: el tranvía que siempre “pinchaba” los Domingos sustituido por el trayecto de la masa andante hacia el enésimo desafío del Betis; la camiseta de trece rayas; las noches de Sestao o las sempiternas Promociones de ascenso o descenso que nunca ganábamos o tal vez sí.

El adiós de Quique nos recuerda la identidad bética extraviada o usurpada y que representaron Tenorio; como el propio Don Manuel, empecinado en limpiar su nombre para la historia del Betis, como Jaime Rodríguez Sacristán y otros que prefirieron formar parte desde el Claret hacia el sendero descendente de la lista de sus Presidentes.

Setién en verdiblanco, como talento identitario del Betis, (ese último al que siempre ven campeón) el futbol de toque, de filigrana y arte, que el correr es de cobardes; como ese Benito Villamarin agitando el pañuelo el día que todo el Estadio lloró, a la salida del equipo en Primera, tras debacles miles en campos sin nombre de Tercera.

Y es que Quique Setién se nos va al único otro paraíso posible, donde prevalece lo exquisito... El Barca... Y con él, vuelve Cruyff, sí, el mismo que mandara callar a Valdano instándole a hablarle de Vd.

Fue Setién quien dijo que si continuáramos en la exigencia permanente de victorias, seguro que estaríamos creando fracasados, gran verdad que no decrece por mucho que todos firmemos un penalti injusto en el último minuto del partido, ahora inviable con el VAR -que ni ese consuelo nos queda-, que hasta en eso tenía razón Angel Villar.

Porque el Betis gana cuando pierde y pierde cuando gana... y quizás será por eso que nunca entenderé el desaire hacia Quique, uno de sus/nuestros últimos genios.

Cruzo las Setas y me dirijo a la puerta de un Colegio donde asoman niños que sueñan balones virtuales y ya no quieren ser lobos como Diarte... y me encuentro con Chaparro, al que el Betis también parece haber abandonado.

Y es que en el maremágnum de acciones; de autocarteras; de ampliaciones de capital; de fondos riesgo, hemos dejado ir a los mejores, y no hallaremos el perdón en ese Dios que nos hizo béticos, y a quien desafiábamos con esta nueva afrenta.

Antes Paco Chaparro, luego Serra y ahora Setién, como aquella manopla de Esnaola...

Suerte a Quique; porque su triunfo es el del fútbol; ese por el que merecía la pena vivir y, a veces... hasta perder...


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