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Y en eso murió Fidel

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26 nov 2016 / 23:32 h - Actualizado: 26 nov 2016 / 21:37 h.
"Fidel Castro"

Escribió el italiano Gugliemo Ferrero en su inesquivable Pouvoir, que la legitimidad es el genio invisible que sirve para exorcizar el miedo de los que obedecen, pero que también es útil para despejar el miedo atroz que sienten los que gobiernan, pues es cosa común en estos que desconfíen constantemente de los instrumentos de su dominación. Cuando para los súbditos o ciudadanos el poder ha alcanzado una buena dosis de legitimidad, es que se ha producido el milagro de la transustanciación: el poder se ha hecho convencimiento. Y eso sucede cuando son muy pocos los que piensan que exista una forma más perfecta o justa de mandar y ser mandado. Por su parte, observado desde el lado del poder, la presencia y sensación de legitimidad es fuente de tranquilidad para la actividad pública. Con ella presente hay más tiempo para diseñar las políticas porque se necesita menos para analizar cómo hacerlas efectivas. Cuando hay legitimidad las normas se cumplen solas, como regla. Por el contrario, la falta absoluta de legitimidad del poder es sinónimo de derecho de resistencia, si lo quieren ver así.

Otro autor, coetáneo del anterior en la etapa de entreguerras, pero de origen francés, Alain, atribuía al sueño, a las humanas ganas de dormir, el origen del poder político. La existencia de un ente social llamado Estado para nuestra protección es tributaria de tan sencilla necesidad física sin la cual sería imposible la vida. Dormir sin sobresaltos, a pierna suelta mejor si cabe, sabiendo que velan los sueños de todos, he ahí la causa del poder. Ahora bien, más intenso y reparador será el sueño si a ese poder político, nacido como consecuencia de nuestra vital inconsciencia, no le tenemos temor. Porque si así fuera, si se lo tuviésemos, dormiríamos con un ojo entre abierto y con el oído en alerta, o sencillamente no pegaríamos ojo. Aunque en esas circunstancias puede ocurrir justo lo contrario, siendo quizás esto lo que pase con más frecuencia, que todos duerman a la hora ordenada y con el pijama puesto, una vez que el poder creado lejos de ser legítimo es pura fuerza incontenible que sólo te deja dormir si haces siempre lo que se ordena.

Y en eso murió Fidel, provocando que alguien preguntase cómo durmieron los cubanos mientras vivió y si siempre durmieron de la misma forma. Aunque lo suyo sería plantearse cómo se dormirá en Cuba a partir de hoy, que es lo mismo que preguntarse qué viene detrás de Fidel. Esperemos que sea un pueblo y no alguien que mande parar.


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