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La Tostá

¿Y qué me importa a mí que seas gay?

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Manuel Bohórquez @BohorquezCas
28 jul 2021 / 08:05 h - Actualizado: 28 jul 2021 / 08:07 h.
"La Tostá","Homofobia","Homosexualidad"
  • Un hombre ondea una bandera del arcoiris durante su participación en el desfile anual del Orgullo Gay en París. EFE/Ian Langsdon
    Un hombre ondea una bandera del arcoiris durante su participación en el desfile anual del Orgullo Gay en París. EFE/Ian Langsdon

En España un homosexual tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano, con la Constitución en la mano. Esto no quita que cualquier español sienta rechazo hacia los homosexuales, por educación o porque lo tiene pintiparado a la piel o enredado en las tripas o en los genes. En el pueblo donde me crié, Palomares del Río, de unos pocos cientos de habitantes hace medio siglo, había algunos mariquitas –se les llamaba así– y jamás vi nada feo contra ellos. Los había declarados, que no lo ocultaban, y también hombres casados que lo eran e intentaban no airearlo, aunque se sabía en el pueblo. Tendría entonces unos 7 u 8 años y me encantaba ver a un gay que venía desde Coria a vender colonia de puerta en puerta. Al pasar por la puerta de alguna taberna siempre había algún machote ibérico que salía a decirle algo gracioso, que el coriano aceptaba normalmente sin poner mala cara o soltar alguna palabrota. Era un niño y llegué a ver con cierta normalidad esas escenas.

Más de medio siglo después, confieso que me cuesta entender que el asunto de la homosexualidad esté constantemente en los medios de comunicación por un motivo otro. Incluso parece algo extraordinario, como para tocar las campanas, que alguien salga y diga en una revista o en la tele, que es gay. No me refiero a un artista, político o empresario de fama, que podría tener algún interés informativo. A veces, el que sale del armario públicamente es un ciudadano desconocido. Oiga, con todo el respeto debido, ¿qué me importa a mí si es usted homosexual, heterosexual o ni una cosa ni la otra? Si fuera marciano, vale. Pero la homosexualidad es algo generalmente aceptado, aunque haya aún algunas bestias que muestren un rechazo irracional hacia el colectivo gay. Esos siempre van a estar ahí, como van a estar quienes odian a los rojos o a los fascistas. Por mucho dinero que inviertan los gobernantes en campañas publicitarias de concienciación, ¿cómo evitar que una persona sienta desprecio hacia un homosexual?

Precisamente contamos con un gobierno progresista, de izquierdas, y parece que hay más homofobia que nunca. ¿No será que nos estamos pasando con la información, porque el asunto vende? El otro día me llamó la atención que saliera en los medios una noticia increíble. Por lo visto, dos camareros discutieron y uno le llamó al otro “maricón de mierda”, supongo que por la tensión. Lamentablemente no vio otra manera de hacerle daño. ¿Pero era una noticia como para que saliera en los informativos nacionales? Con tantas cámaras en las calles y locales públicos, si queremos podemos publicar varios cientos de estas noticias cada día. Seamos sensatos. ¿De verdad que nos puede interesar tanto que alguien diga públicamente que es homosexual, si no es una celebridad? Oiga, que a mí eso me importa un bledo.


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