lunes, 30 noviembre 2020
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Yincana emocional

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22 nov 2020 / 04:00 h - Actualizado: 22 nov 2020 / 04:00 h.
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  • Yincana emocional

Cumplir años es una noticia extraordinaria (sobre todo si tenemos en cuenta la alternativa...). A mi madre le encantaba decir la edad que tenía desde la semana antes de cumplirla y cuando yo le preguntaba que porqué no esperaba a su día para "hacer el anuncio", ella me contestaba: "cumplir años es síntoma de estar vivo, ¡hay que celebrarlo todo lo posible!", en muchas ocasiones he recordado aquella maravillosa explicación y, claramente, tenía razón. Celebrar que estamos vivos, alegrarnos porque seguimos aquí, sentir la dicha de que se nos brindan nuevas oportunidades que vienen de la mano de ese nuevo año de vida ¡es una pasada!

¿Te has fijado en que, en general, la gente suele celebrar el fin de año a bombo y platillo y, sin embargo, esconden su propio cumpleaños, incluso mienten sobre su edad? siempre pensé que pesaban más las despedidas que las bienvenidas pero, en cuestión de edades y años, la cosa parece no funcionar igual, sobre todo en lo que respecta a los adultos, los niños son otro mundo (un mundo del que se puede aprender mucho).

El pasado 15 de Noviembre fue el cumple de mi sobrina, Sofía (¡¡¡muchas felicidades, Sofía!!!), debido a las circunstancias de cierre perimetral, no nos pudimos reunir como nos hubiese gustado pero, una cosa estaba clara: Sofía daría la bienvenida como se merecía a su noveno cumpleaños. Entre la familia nos pusimos de acuerdo, le enviamos los regalitos con tiempo, Vero -su madre- los escondió y le preparó una yincana súper chula para que disfrutase jugando a encontrarlos, tarea que acometió de la mano de su fiel ayudante, su hermana Noelia, de casi cuatro años, que también se lo pasó genial durante el juego, casi tanto como los adultos, pues Vero retransmitió la búsqueda en directo por skype y fue tremendamente divertido, emocionante e interesante escucharla leer las pistas, verla corriendo por toda la casa buscando los regalos, ver la carita de ilusión que ponía al encontrar cada uno... Allí estábamos, congregados al cumple virtual de Sofía junto a sus abuelos, sus padres, su hermanita y sus tíos, ¡hasta hicimos una merienda digital!

Vivir minuto a minuto aquella simpática yincana me hizo reflexionar... Interpretando los acertijos de las pistas, Sofía encontró regalos escondidos por la cocina, el salón, el dormitorio... "¡Estaba complicado!" -dijo cuando se le preguntó que qué tal había ido- pero su cara lo decía todo cada vez que encontraba uno. Los adultos también nos enfrentamos a nuestras propias yincanas pero digamos que son pruebas con apellidos: yincanas emocionales. Las circunstancias adversas hacen que perdamos de vista nuestros regalos personales: la energía, la alegría, la pasión, la ilusión, la empatía, la conexión, la imaginación, la originalidad, el sentido del humor, la confianza, la motivación... Y no es que los hayamos perdido, simplemente están escondidos por los distintos rincones de nuestro interior, simplemente tenemos que tomar ejemplo de Sofía y ponernos las pilas para buscar, así, al igual que ella, seremos recompensados con cada hallazgo.

La puesta de pilas

"Esto suena muy bien, pero, ¿cómo me pongo las pilas?" -puede que te estés preguntando-, volviendo al ejemplo de mi sobrina, es más sencillo de lo que puedas creer a priori: la puesta de pilas está en prestar oídos a las pistas, aunque te cueste trabajo creerlo, siempre hay un hilo del que tirar para empezar a acercarte a tu objetivo. Recuerda, en las circunstancias presentes más que nunca, hay que celebrar que estamos vivos.


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