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El problema de politizar cualquier cosa

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09 sep 2021 / 10:22 h - Actualizado: 09 sep 2021 / 10:34 h.
"LGTBI","Editorial"
  • El problema de politizar cualquier cosa

Dos cosas son las que han quedado claras a raíz de todo lo que ha sucedido alrededor de la falsa denuncia por violencia homófoba que se produjo en Madrid hace unos días.

Por un lado, no se puede caer en la tentación de negar un problema real porque un muchacho de 20 años creyera que con algo tan serio se puede jugar. Las agresiones a las personas del colectivo LGTBI son tan ciertas como numerosas, la violencia silenciosa que se ejerce sobre ellos es de gran intensidad (discriminación, miradas, señalamientos o chanzas, por ejemplo) y no puede retrocederse en España en cuanto a clima de tolerancia y libertad se refiere. Una denuncia falsa no hace falso el problema y sería una pena que, habiendo sido ejemplo en todo el mundo, España perdiera capacidad de integración absoluta del colectivo LGTBI.

No deja de ser anecdótico que una persona de veinte años se atreva con algo tan serio sin tener en cuenta las consecuencias. Lo que no tiene nada que ver con la irrelevancia es que se utilice algo así de forma torticera, buscando el rédito político, culpando al adversario de algo tan grave como es la homofobia y los ataques violentos a las personas más vulnerables. Eso es mezquino e injustificable. Trivializar la violencia e insistir en estereotipos falsos solo puede desembocar en la falta de sensibilidad social frente a un problema importante. Y esto es lo que parece que no entienden algunos políticos que agarran las causas como si fueran suyas y culpan a otros de lo que ocurre.

Pedro Sánchez y su ministro de Interior han cometido errores de cálculo en la gestión de este asunto. De pronto, han parecido tener mucha prisa en convocar mesas y apoyar manifestaciones sin esperar prudentemente a que las investigaciones progresasen. Y no han sido pocos integrantes de la izquierda española lo que acusan de homófobos a partidos de la derecha que, sin embargo, siempre han condenado actos de esta naturaleza.

Ni la izquierda ni la derecha pueden pensar que están en posesión de las reivindicaciones o de la verdad de cualquier naturaleza. Y mucho menos acusar a los otros de construir discursos que alientan lo malo que pasa en la sociedad buscando con ello un puñado de votos.


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