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La constante claudicación y el silencio de Sánchez

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22 feb 2021 / 09:45 h - Actualizado: 22 feb 2021 / 10:03 h.
"Política","Editorial","Pedro Sánchez","Pablo Iglesias"
  • Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / EFE
    Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / EFE

Ni se puede gobernar, ni se puede legislar, con un socio de Gobierno que se encuentra en un nivel tan distinto y, a veces, manejando un discurso desquiciado, desquiciante e inexplicable. No se entiende cómo es posible que Pablo Iglesias no condene la violencia en las calles porque ni es posible que esos violentos lleguen a ser votantes de Podemos (no votan y van a lo suyo que es saquear tiendas) ni es posible conseguir cualquier otro rédito en las urnas o que permita mejorar la imagen del partido. En cualquier caso, el daño que Pablo Iglesias está provocando a las instituciones del Estado (desde dentro del Gobierno) es catastrófico.

El Gobierno no atina a coordinarse con sus socios en asuntos fundamentales. El espectáculo que se está dando en materia de igualdad resulta sangrante puesto que, entre otras cosas, el colectivo que estaba descuidado sigue estándolo mientras una ministra de bajísimo nivel político sigue enredada en discusiones de cafetería en las redes sociales. Los fondos europeos de reconstrucción, que tuvieron que aprobarse con el apoyo de Vox, son otro ejemplo del desastre interno que reina entre los socios de Gobierno. Si a todo esto le sumamos que las alianzas externas siempre están en el borde la navaja, la imagen que perciben los ciudadanos es de descontrol.

Iglesias, que sigue siendo vicepresidente del Gobierno de España, cuestiona la estructura del Estado cada día que pasa; cuestiona la plenitud de la democracia española como si estuviera hablando de un tema menor que no le afecta a él mismo que forma parte del Gobierno. La imagen entre los españoles que da el Gobierno es poco edificante; en el extranjero comienza a ser peligrosa. Esto o querer ejercer control sobre los medios de comunicación resulta inaceptable. Pero es difícil saber si es eso peor que el silencio de un presidente que sigue dando muestras de poder claudicar ante el cetro de una formación minoritaria con tal de seguir sentado en su despacho del despacho de La Moncloa.


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