La empresa y la Doctrina Social de la Iglesia

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12 nov 2016 / 23:46 h - Actualizado: 12 nov 2016 / 23:46 h.
"VI Asamblea de la Agrupación de Miembros del Instituto San Telmo","Rey Felipe VI"

La empresa actual –sea cual sea su envergadura real o potencial, sean cuantas sean las personas que forman el grupo humano de la entidad, sea cual sea su finalidad económica– es fundamental al constituirse como uno de los grandes ejes vertebradores de la cohesión y mejora social.

La empresa como núcleo de producción de riqueza y trabajo debe estructurarse como el espacio en el que se realicen labores que satisfagan al conjunto de la sociedad. Y eso solo se consigue si los que aportan su capital y los que aportan su esfuerzo personal en el puesto de trabajo obtienen un beneficio, no solo económico sino social, personal y destinado, finalmente, a lograr mejores condiciones de vida para el conjunto de las sociedades. Dicho de otra forma, el pleno desarrollo interno en el seno de la empresa hace que se colabore de un modo importante en ese otro tan deseado que se busca para que el ser humano pueda tener una vida plena y digna.

En este sentido, la empresa actual se mira en el espejo de la Doctrina Social de la Iglesia con más frecuencia de lo que se supone. Y, por ello, hoy es normal que las personas que deciden crear una empresa asuman como propios los valores humanos más universales; como podrían ser la generosidad, la entrega personal, la humildad, la adhesión a la verdad y a la justicia, entre otros. Y asuman transmitir al grupo humano de su equipo, en forma de filosofía de empresa, esas ideas con las que la empresa –dentro de un marco ético y moral tan robusto como sea posible– contribuirán a que el mundo sea mejor. Es por lo que apostar por un liderazgo en el que los valores resulten fundamentales.

La empresa moderna no puede estar de espaldas al cuidado del medio ambiente, no puede estar formada por personas desleales con la propia empresa ni con otras. Las reglas del juego no incluyen hacer desmoronarse a la competencia. Todo lo contrario. Una competencia trasparente, construida éticamente, hace que cualquier empresa sea mejor y que su capacidad de éxito se multiplique. No hay que olvidar que los clientes valoran el conjunto de lo que es un negocio y no solo una parte. Ante una empresa íntegra, porque los que la construyen lo son, los clientes no muestran dudas en sus preferencias.

Hay factores que no pueden olvidarse en el momento en que vivimos. La empresa tiene establecidos fuertes vínculos con la familia, con los sindicatos, con las escuelas, con cualquier célula social puesto que la empresa, también, lo es. Una empresa no es más que una pequeña parte de la sociedad, está integrada plenamente en ella. Dejar de lado este factor es no entender lo que es una empresa. Es obvio, entonces, que la empresa abastece de lo necesario a las personas para que alcancen una vida mejor.

La empresa moderna crece alrededor de estas bases tan simples como importantes y necesarias. Porque solo hay un camino para lograr bienestar social: ser empresa y serlo dentro de un territorio que ocupan los valores fundamentales del ser humano, valores que confluyen en la búsqueda inequívoca de la dignidad humana, de la solidaridad, del valor del trabajo y su significado, de un destino de productos y servicios que no es el enriquecimiento personal sino las mejoras universales y la construcción de unos pilares sólidos con los que conquistar el mejor futuro posible que tendrán que vivir las generaciones venideras.

Dos ideas de dos grandes pensadores resumen muy bien qué es lo que deben tener presente las mujeres y hombres empresarios al edificar sus negocios. Por su parte, el sociólogo Johannes Messner dijo que «la cuestión social ha de resolverse en la empresa si es que ha de resolverse de alguna manera». Messner coloca la actividad empresarial en el núcleo del problema social. Sin empresa no hay solución. Peter Drucker, por su parte, dijo que «la solución de los problemas de la empresa, conformará el sistema bajo el que tendremos que vivir». Drucker va un poco más allá. No solo es necesaria la empresa, sino que será el eje alrededor del que se estructurarán las sociedades. Ambas reflexiones ya se pueden dar como un hecho cierto y, posiblemente, serán novedosas siempre.

La Doctrina Social de la Iglesia ha señalado siempre el camino que mejor acomoda a los componentes de tejido empresarial. Y, a diferencia de lo que muchos pudieran pensar, se ajusta a la modernidad, a los tiempos que van variando sin poder dejar atrás los valores que han logrado que el ser humano llegue hasta aquí.


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