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La generosidad política, cuestión de Estado

25 oct 2016 / 07:49 h - Actualizado: 25 oct 2016 / 07:49 h.
  • La generosidad política, cuestión de Estado

Debatir significa establecer un diálogo en el que las posturas se expresen de forma clara y precisa. El objetivo es conseguir recabar distintos puntos de vista para poder sacar conclusiones y determinar qué soluciones se pueden elegir con el fin de resolver un problema.

No puede plantearse un debate con el fin de llegar a un punto elegido con anterioridad sin incorporar todo aquello que resulte ser material importante que enriquezca la solución final que se adopte. Cualquier cosa que se parezca a eso se llama imponer de forma, más o menos elegante, más o menos velada.

Tampoco puede establecerse un debate para que, finalmente, las partes sean escuchadas aunque no se atiendan sus propuestas; sean mejores o peores. Si el sentido último de debatir es escuchar, analizar e integrar; no es posible plantear ninguno de ellos como una ayuda cosmética que evite problemas inmediatos y los termine generando en el futuro.

Los políticos españoles se encuentran, hace meses, en una encrucijada que deben salvar, sea como sea que quieran. Desde luego, desde el debate, el diálogo y el entendimiento. Desde la generosidad, la falta de arrogancia y la búsqueda del bien común de todos y cada uno de los españoles.

Dadas las circunstancias, la alternativa es única. O se llegan a acuerdos que lleven a solucionar los problemas más importantes que están por resolver o la formación de Gobierno será un parche más en la historia más reciente de la política nacional. Ningún partido tiene mayoría suficiente como para plantear asunto alguno pensando en imponer su criterio; todos están obligados a discutir en profundidad lo que sea necesario.

La generosidad política, un sentido de Estado que se aleje de los intereses partidistas, una mirada elevada que llegue un poco más allá de las próximas elecciones y un discurso constructivo que evite la crítica fácil del que no tiene el poder en sus manos y sabe que puede prometer sin tener que dar; son las piezas necesarias para dejar colocado un puzzle difícil de ordenar.

A partir de hoy, cuando nadie puede imponer nada desde los escaños, comenzaremos a conocer la altura política de los líderes de cada una de las formaciones, la potencia de sus ideologías, el grado de compromiso que quieren adquirir con el futuro de la nación.

A partir de hoy, nadie que haya sido elegido diputado en las últimas elecciones podrá esquivar el último sentido de la política, que no es otro que construir un país mejor.


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