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La muerte digna, el eterno dilema

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27 nov 2017 / 22:19 h - Actualizado: 27 nov 2017 / 22:20 h.
"Muerte digna"
  • La muerte digna, el eterno dilema

Según los datos de algunas encuestas realizadas, el 84 por ciento de los españoles estarían interesados en que se regulara lo que se conoce por muerte digna. La muerte en la sociedad occidental y, especialmente, en la española, se ha convertido en un tabú difícil de sobrepasar, en un tabú del que no se habla por miedo a ser inconveniente o impertinente. La clase política española sabe que ese es un terreno farragoso que les puede ocasionar un problema de gran envergadura y lo evitan constantemente. Por su parte, la postura de la Iglesia Católica española es radicalmente contraria por motivos teológicos que podrán ser, más o menos, discutibles, pero que están presentes y condicionan de forma notable incluso a esos políticos que saben que parte del problema llegaría desde los púlpitos.

Pero el problema, por más que se trate de apartar, sigue intacto y son muchas las voces que reclaman una regulación que permita una salida que parece necesaria, y que tendrá que ser responsable y ética.

El problema es abrumador puesto que la muerte, finalmente, afecta a todos los seres humanos que componen un grupo. Y al hablar de muerte se habla de muchas cosas que se entremezclan formando una enorme tela de araña de la que es casi imposible escapar: dignidad, sufrimiento, libertad, derechos personales e inviolables, moral, ética, pecado?

Resulta curioso que siendo así, sin embargo, en España este sea un tema del que casi nadie se atreve a hablar con libertad. Aunque lo más sorprendente es que las experiencias que se producen cerca de la muerte suelen ser traumáticas por la percepción que se tiene de los grandes sufrimientos, de los grandes deterioros de las personas, y una vez que terminan se suelen apartar y no se abordan con naturalidad.

En el mundo mueren 6.500 personas cada hora. Todo ser humano muere antes o después. Se habla de calidad de vida, pero no de calidad de muerte, los hay que tienen que morir de forma clandestina o recurren desesperados al suicidio. Y son muchos los que creen que algo tan tremendo debe regularse.

Los partidos políticos proponen medidas que no alcanzan a resolver el problema o deciden no aprobar aquellas que serían un primer paso para llegar a acuerdos más amplios. No se atreven a tomar decisiones por las que una parte de la sociedad se les echaría encima. Y con ello logran, tan sólo, que un problema fundamental siga sin ser abordado con garantías.

Es necesario que eso cambie.


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