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Momentos difíciles para la convivencia

12 oct 2019 / 08:00 h - Actualizado: 11 oct 2019 / 22:11 h.
  • Fotografía: EFE
    Fotografía: EFE

Aún no ha comenzado la campaña electoral y los políticos comienzan a causar estragos. Todo queda supeditado al beneficio del partido, todo se vende por un puñado de papeletas.

Hasta ahora, los casos más llamativos, los más sangrantes, son los que tienen que ver con Cataluña y su relación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En estas mismas páginas ya nos preguntamos, el pasado 27 de septiembre, si no existía una perfecta sintonía entre el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, y los mandos de la Guardia Civil. Ya parecía que la Operación Judas tensaba las relaciones entre el ministro y los mandos policiales al mando de una intervención impecable desde todos los puntos de vista. El ministro no hiló fino en esa ocasión. Del mismo modo que, ahora, vuelve a no estarlo.

La separación de poderes debe respetarse hasta el extremo. Y si una actuación judicial no necesita el visto bueno del ministro, tampoco un discurso de un miembro de la Guardia Civil puede ser puesto en duda por motivos de interés político o electoral. Y eso es lo que ha sucedido en Cataluña. Otra vez Cataluña.

Señalar como "inoportunas y poco idóneas" las palabras del general Pedro Garrido en Sant Andreu de la Barca es un error garrafal del ministro de Interior. Garrido reafirmaba su compromiso con la sociedad catalana y denunciaba que, a pesar de una imagen ‘sonriente’ vendida por los independentistas catalanes, lo cierto es que eso esconde "odio y mezquindad capaces de generar destrucción y sufrimiento". Más verdad es difícil de condensar en pocas palabras.

Los representantes de los Mossos d'Esquadra se retiraron. Aunque es absolutamente reprochable e inadmisible, podría llegar a comprenderse haciendo un esfuerzo titánico. Pero que el ministro de Interior afee la conducta a un general de la Guardia Civil por recordar que su misión es mantener intacto el bienestar de la sociedad catalana, que no se pueden consentir acciones terroristas ni el abandono y persecución de los catalanes que siguen sintiéndose españoles (más de la mitad de la sociedad catalana claramente se decanta por esta postura) es lamentable. El ministro de Interior no puede supeditar su relación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a los intereses de una campaña electoral. Eso no se puede consentir.

Llegan momentos difíciles para los españoles. Y uno de los puntos de inflexión lo encontraremos la próxima semana al hacerse pública la sentencia que condenará o absolverá a los políticos independentistas que siguen presos. Es de agradecer poder saber que, a pesar de los políticos, un grupo de hombres y mujeres están dispuestos a que se cumpla la ley y se mantenga el orden público.


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