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Sin prisas, con talante

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28 abr 2015 / 08:21 h - Actualizado: 28 abr 2015 / 08:21 h.
"Feria de Abril","Ayuntamiento de Sevilla","Feria de Abril 2015"

Uno de los temas de conversación recurrentes en la recién concluida Feria de Abril ha sido, por parte de los ciudadanos de a pie, el de la arbitrariedad de las instrucciones que los agentes del orden público han dado a los usuarios de distintos servicios en diferentes momentos a lo largo de la semana. Como si lo que estaba escrito para el lunes no tuviera valor al día siguiente en asuntos como los accesos al Real o a sus inmediaciones en vehículos de motor o de tracción animal.

La indefinición, la ausencia de un posicionamiento común, de instrucciones claras y de un marco de actuación preciso es lo que más termina por molestar a los ciudadanos, que precisamente en ese escenario de indeterminación tratan de hacer imponer el criterio que les parece lógico, y lo que termina por hacer saltar la chispa de la indignación, y una consecuente aspereza en las formas de plantear las normas por parte de algunos funcionarios públicos, adscritos al cuerpo que fuere.

Una vez más, un velo de improvisación se cierne sobre el control de una manifestación popular que, si bien excede todos los límites de lo razonable, bien es cierto que se ha revelado como un caso de estudio de autorregulación de sí misma. La arbitrariedad, la ausencia de paciencia y la falta de observancia de un código del temple y el talante, que no son necesariamente antónimos de la determinación, sino que más bien contribuyen a que los ciudadanos acaten los mandatos, con la satisfacción de haber tratado de exponer sus argumentos y tal vez con la convicción de que a quien los hace prevalecer le asiste el sentido común, que se pierde con los gestos expeditivos.

En ocasiones, son las prisas y las veleidades las que crean los problemas que la amabilidad habría conseguido evitar.


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