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Sin rumbo cierto en la educación española

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26 jul 2020 / 06:00 h - Actualizado: 25 jul 2020 / 22:29 h.
"Educación","Editorial"
  • Isabel Celaá. / EFE
    Isabel Celaá. / EFE

En estos más de 40 años de democracia española, ningún Gobierno ha sido capaz de tratar la educación de nuestros niños y jóvenes con eficacia, con el respeto que merece algo tan importante. Siempre ha sido moneda de cambio entre ciudadanía y políticos, siempre ha sido motivo de disputa electoral, siempre ha estado envuelta en las banderas partidistas.

Sólo el ministro socialista Ángel Gabilondo estuvo a punto de conseguir un gran acuerdo en el que todas las partes de la comunidad educativa podía aportar al conjunto. No hubo tiempo y fue una pena. El resto han ido de la incapacidad al sectarismo. Y con el Gobierno actual todo se está convirtiendo en un auténtico calvario.

El mérito académico que tanto quiso promocionar el PP sin éxito alguno es negado por el Gobierno actual; el asunto de los idiomas en algunas comunidades autónomas se ha convertido en motivo de clara desigualdad; el enfrentamiento del Ministerio con la enseñanza concertada es evidente y eso se convierte en un problema de libertad puesto que los padres parece que no van a tener capacidad de decisión sobre la enseñanza que quieren para sus hijos.

Sea como sea, con este escenario todo lo malo que pase será producto del conjunto de desastres en la gestión del Ministerio de Educación.

Ya se conocen los resultados del Informe PISA. Hemos tardado 7 meses en saber que España cae 19 puntos respecto al año anterior y los resultados son los peores de los últimos catorce años. En la OCDE acusan a los alumnos por su falta de compromiso con la prueba y eso es, evidentemente, una forma tosca de centrar la atención en un lugar en el que no se encuentra el meollo del asunto.

De 72 países, España ocupa el puesto 32. Un desastre. Y dentro de España, las diferencias son muy preocupantes. Los alumnos de Castilla y León tienen un nivel, respecto a Ceuta, que representa dos años de diferencia.

Cada Comunidad Autónoma va a lo suyo; falta un criterio general que convierta a los alumnos en iguales sea donde sea que residan; y nuestros niños y jóvenes están peor preparados cada año que pasa.


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