jueves, 19 septiembre 2019
19:07
, última actualización

Un político rufián y una dama de Estado

01 nov 2016 / 22:37 h - Actualizado: 01 nov 2016 / 22:48 h.

Durante el debate de investidura de Mariano Rajoy se han escuchado muchas cosas. Entre otras insultos y descalificaciones que apuntaban, directamente, a la presidenta de la Comunidad Autónoma de Andalucía y, por extensión, a todos los andaluces.

Fue el último día de debate cuando Gabriel Rufián realizó una intervención que, al menos, resultó insultante para todos aquellos que desean estar en manos de unos políticos serios, educados y que sepan estar a la altura de las circunstancias. Es chocante que este político nacido en Barcelona, diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, sea capaz de armar un discurso lleno de descalificaciones (políticamente brutales por su nivel de agresividad) y que parezca sentirse orgulloso de ello. Pero más chocante es que los miembros de Podemos aplaudieran su intervención como si hubieran escuchado un discurso con una propuesta clara y una ideología potente que permitiese pensar sobre lo que este sujeto dijo. Porque su propuesta estaba vacía de contenido o de una propuesta clara que buscara vías de diálogo o soluciones a los problemas que quedan por resolver; y sí estaba llena de descalificaciones que no aportaban nada a un debate fundamental para un sistema democrático. Ni siquiera planteó algo coherente que tuviera que ver con Cataluña.

Rufián hizo alusión a comentarios vertidos por los que él llamó «socialistas de corazón» olvidando lo que dicen los otros «socialistas de corazón» que manejan tesis distintas a las que él ve como más razonables. Calificó a los socialistas como traidores diciendo que su deseo era dar voz a todos los que se sentían traicionados por el propio «PSOE Iscariote».

Se permitió el lujo de nombrar a Susana Díaz apodándola «Richelieu», sin saber que Richelieu era el villano en la novela Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas (es decir, en el mundo de ficción), pero que el cardenal fue un gran hombre de Estado que intentó una modernización de una Francia que arrastraba todas las carencias del Antiguo Régimen (esto forma parte de la realidad y no de una novela). El desconocimiento que ha manifestado este político separatista le ha llevado a creer estar apodando a Susana Díaz de forma insultante cuando, en realidad, estaba haciendo todo lo contrario. Con esto sería suficiente como para no seguir hablando de alguien con una talla intelectual tan lastimosa tratándose del representante de miles de votantes. Pero Gabriel Rufián quiso seguir haciendo sangre dialéctica al decir que Susana Díaz era presidenta de una Comunidad Autónoma que debía avergonzarse de ser la que mayor tasa de paro y fracaso escolar presentaba a nivel europeo.

No debe saber este hombre que Andalucía también ha sido la región de España que ha tenido que soportar mayores desajustes sociales históricamente; unos desajustes que se han ido paliando durante los últimos cuarenta años gracias, entre otros, a dos andaluces a los que Rufián insultó: la propia Susana Díaz y Felipe González. Dos políticos que, por cierto, han sabido estar a la altura de las circunstancias apostando por el bien de una nación (incluida Cataluña) y no pensando en los intereses de su propio partido.

Es un hecho que las tasas son las que son. Pero también lo es que el progreso de Andalucía durante los últimos cuarenta años la ha llevado a ser uno de los mejores lugares del mundo.

El pueblo andaluz siempre fue generoso. ¿Sabrá el señor Rufián que los andaluces, por ejemplo, pensando en el resto de compatriotas, consintió que el caballo de pura raza andaluza pasara a llamarse pura raza española? Por supuesto que no lo sabrá. El pueblo andaluz siempre fue trabajador. ¿Podrá imaginar este hombre lo que supone para un ser humano trabajar bajo el sol ardiente de una tierra dura y árida como es el campo andaluz? ¿Habrá tenido en cuenta el señor Rufián al referirse a Andalucía que muchos de los mejores trabajadores que han sacado Cataluña adelante eran andaluces que emigraron en su momento? Claro que no lo ha tenido en cuenta. Andalucía siempre fue un territorio acogedor y hermoso. Le guste o no le guste a este sujeto. El aporte cultural de esta tierra ha sido y sigue siendo incalculable. Mucho más en el haber que en el debe. Quiera o no este político.

Y debería aprender de Susana Díaz que la prudencia, en política, es una muy buena compañera de viaje, que enseñar los dientes para amenazar solo puede provocar reacciones contrarias a lo deseado. Debería saber el señor Rufián que ser político no es preparar un discurso ácido y casi tenebroso. Porque un político debe encontrar vías de diálogo con el resto de formaciones políticas, soluciones a los problemas.

Es una pena que el nivel de los políticos españoles pudiera empeorar peligrosamente con estas intervenciones.


  • 1