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Vacunas, patentes y solidaridad

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28 mar 2021 / 20:41 h - Actualizado: 28 mar 2021 / 20:50 h.
"Vacunas","Editorial","Pandemia","Coronavirus"
  • Vacunas, patentes y solidaridad

Gibraltar se ha convertido en un gran banco de pruebas. Ya se puede transitar por las calles sin mascarilla y se esperan resultados del experimento. La vacunación con dos dosis del 70 por ciento de la población del Peñón y del 90 por ciento con la primera, ha convertido la pandemia en un mal sueño que ya ha pasado de largo. Al menos eso parece. Es verdad que en los interiores es obligatorio el uso de mascarilla, pero la incidencia por cada 100.000 habitantes es 2 y apenas quedan 11 casos activos en Gibraltar.

Parece que se hace patente que es la vacunación el único arma útil contra la pandemia. El resto de medidas, incluido el confinamiento más estricto, han sido herramientas útiles contra el SARS-CoV-2 aunque no definitivas. Y es por ello por lo que se hace imprescindible que aumente el ritmo de fabricación de las vacunas y, con ello, el ritmo de vacunación. Se hace imprescindible, también, que los puntos de fabricación sean más y estén situados por todo el mundo para que la distribución sea más rápida. Y parece necesario echar un vistazo a la anulación de las patentes de forma transitoria puesto que ya hace más de un año que peleamos contra una pandemia que ha arrasado nuestra forma de vivir. Buscando medidas compensatorias se podría llegar a una solución que no perjudicase a las empresas que tienen en su poder las patentes más importantes de la historia de la Humanidad.

Alcanzar la inmunidad de rebaño como han conseguido en Gibraltar es esencial; sin ese nivel de vacunación cercano al 70 u 80 por ciento de la población, es imposible que se pueda llegar a la posibilidad de tener una vida que se parezca a la que teníamos hace un año.

Por otra parte, es imprescindible que las vacunas lleguen a todos los puntos del planeta. Los países más pobres tienen enormes dificultades para conseguir los viales necesarios para vacunar a sus ciudadanos y ese es el mayor reto al que se enfrentan los países desarrollados. Por una parte, la falta de solidaridad sería imperdonable puesto que el derecho a la vacuna contra la Covid-19 ha de ser universal; por otra, permitir que el virus campe a sus anchas por los países más pobres puede provocar la aparición de variantes del virus que complicarían la situación a nivel planetario.

El objetivo es conseguir vacunas para todos los seres humanos del mundo. El método es algo que deben encontrar los expertos. Es urgente y miles de vidas corren peligro.


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