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Un aguacero, una pulmonía y la conciencia muy tranquila

Manifestación. Decenas de colectivos desafiaron a la lluvia mostrando un perfil luchador de Andalucía, más allá de los discursos institucionales

28 feb 2018 / 18:45 h - Actualizado: 28 feb 2018 / 23:45 h.
"Día de Andalucía","28F: Un baño de autoestima","Alberto Garzón","Antonio Maíllo","Teresa Rodríguez"
  • La manifestación del 28F aglutinó a decenas de colectivos, plataformas y sensibilidades que plantearon sus exigencias y demandas bajo el hostil manto de la lluvia (casi) constante. / Fotos: Manuel Gómez
    La manifestación del 28F aglutinó a decenas de colectivos, plataformas y sensibilidades que plantearon sus exigencias y demandas bajo el hostil manto de la lluvia (casi) constante. / Fotos: Manuel Gómez
  • Los nacionalistas andaluces pasearon una gran bandera. / El Correo
    Los nacionalistas andaluces pasearon una gran bandera. / El Correo
  • Un aguacero, una pulmonía y la conciencia muy tranquila
  • Este manifestante no se resignaba ante la meteorología, a pesar de las apariencias.
    Este manifestante no se resignaba ante la meteorología, a pesar de las apariencias.

Nadie podrá objetar a las miles de personas que ayer desafiaron al mal tiempo que vinieron hasta Sevilla a cambio de un bocadillo y un botellín. Una falacia siempre, pero más aun en este 28-F, cuando a media mañana decenas de autobuses llegados de provincias tan distantes como Almería y Jaén descargaban a centenares de manifestantes bajo una lluvia que, pasadas las doce del mediodía, se convertiría en un inmisericorde aguacero. Convocada por las Marchas de la Dignidad bajo el lema La Andalucía que lucha, a la calle, decenas de colectivos y partidos políticos de izquierda enfilaron el camino que les llevaría desde la Estación de Santa Justa hasta las mismas puertas del Teatro de la Maestranza, en cuyo confortable interior tenía lugar el acto oficial presidido por Susana Díaz.

La organización habló rápidamente de 45.000 personas. Bueno... en realidad eran considerablemente menos, pero bastantes más de las suficientes como para que sus consignas y reivindicaciones calaran más que la tromba. Estaban todos, y más. Si se remontaba la marea de personas nos sentíamos en una feria de la protesta; difícil elegir a cual adherirse. «En defensa de la autonomía, del trabajo y la dignidad del pueblo andaluz» rezaba la pancarta que iba en cabeza. Pero no era la única demanda.

La Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones era una de las más buscadas por los periodistas, también una de las más numerosas. «Nosotros somos los que sacaremos a Rajoy de la Moncloa», expresaba, casi vociferante, Mariano, de 78 años, con botas katiuskas e impermeable, y defendiendo su pensión y la de sus nietos. Políticos había, aunque unos más habladores que otros. El polémico alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, caminaba algunos pasos por atrás del numeroso grupo de manifestantes que representaban al Sindicato Andaluz de Trabajadores (Sat), renuente a micrófonos y casi protegido por los suyos. Por su parte, el coordinador general de IULV-CA, Antonio Maíllo, resaltó que «la manifestación estaba llena de múltiples colectivos, desde pensionistas, interinos o gente que ha introducido un preámbulo feminista de la huelga del 8-M; porque ese carácter plural y unitario es la mejor fortaleza que le damos a la Andalucía real», dijo. Tan plural que hasta dos solitarios militantes del PSOE se atrevieron a unirse a la marcha a pesar de que, en los discursos finales, al partido que preside Díaz en Andalucía le cayó un puñado de toneladas de alquitrán verbal. «Nos lo hemos merecido, no es justo porque el PSOE trajo prosperidad a este país, pero hay que cambiar el partido en Andalucía», defendían ambos, militantes llegados de Dos Hermanas.

«Luchar, crear, poder popular» se leía en la pancarta de IU, donde era fotografiado una y cien veces su coordinador general, Alberto Garzón. «Estamos reivindicando derechos concretos como el derecho al trabajo, a la sanidad, a la educación y a las pensiones públicas (...) Aspiramos a un planeta que se pueda preservar con un modelo de consumo y de producción diferentes; en definitiva, un nuevo país», expresó tajante. «Para nosotros, ese nuevo país, ese nuevo horizonte, es el que se va a construir en las próximas décadas, y nos gustaría que se hiciera desde valores y principios que nosotros identificamos con la izquierda», defendió Garzón antes de dirigir dardos al Partido Popular, Ciudadanos y el PSOE, «que están condenado a la precariedad al conjunto de la sociedad en Andalucía, pero también del país». Podemos, con una presencia menos populosa, contaba con su coordinadora en Andalucía, Teresa Rodríguez; también con los ediles municipales de Participa Sevilla.

Los estudiantes de los campus de la comunidad exigían «una educación digna» y la Asamblea Interprofesional pedía «solidaridad obrera y la unificación de las luchas». «Pan, trabajo, techo, dignidad e igualdad» era la carta a los Reyes de la Asamblea en Lucha de Sevilla y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca solicitaba, una vez más, «dación en pago, alquiler asequible, stop desahucios, vivienda social y suministros garantizados». En anteriores convocatorias los despistados que contemplaban la marcha desde las aceras se sumaban a unas u otras reivindicaciones en función de cómo les palpitaba el corazón en ese momento. En esta ocasión, los únicos curiosos miraban desde las ventanas. «¡Aunque llueva la lucha obrera no se para, no se frena!», coreaban con fuerza los últimos a ritmo de golpe de bombo. No rimaba, pero el conjunto visual y sonoro tenía un innegable aire heroico.

La Marea Blanca hacía literario honor a su nombre mientras que caminaban «por una sanidad andaluza pública y universal». Médicos y personal sanitario sevillanos, pero también de Tarifa y de Granada desfilaban en el 28-F más desapacible que se recuerda. Matilde, de 83 años, había salido en autobús de madrugada desde Dílar, en Granada. «Yo no estoy para esto, lo menos que puedo pillar es una pulmonía, lo peor, que me vaya para el otro barrio, pero me iré con la conciencia tranquila de haber estado con la gente obrera y defendiendo la sanidad», contaba, menuda y enjuta bajo un paraguas, mientras competía en atención de cámaras con algunos de los portavoces políticos.

La defensa de la educación pública caminaba casi a la par con un puñado de voluntariosos soñadores que demandaban no se sabe si un Ave o al menos un tren chú-chú a pedales que una Gijón con Algeciras a través de la Ruta de la Plata. Representantes del Partido Comunista de España, del sindicato CGT, anarquistas de la CNT y colectivos de interinos también se unían a la lucha, a la lucha de mantener el paraguas tieso. Por momentos se hacía difícil avanzar, aunque llegando al Prado el agua amainó temporalmente. «Andaluces, pedí mezcla y diversidá por si la cosa se pone xunga, pedí feminismo na má» rezaba otro cartel de unas espontáneas escrito en estricto dialecto andaluh. Y otra pancarta, más vistosa y mejor redactada, clamaba, no sin razón: «¡Si nosotras paramos, se para el mundo!», en apoyo a la huelga feminista del 8 de marzo, que apoyaban todos y cada uno de los colectivos y partidos políticos presentes en la çmanifestación.

Durante todo el camino se repartieron panfletos y chapas en apoyo a los seis detenidos hace unas semanas tras la ocupación de las viviendas de nueva construcción levantadas en la parcela de la calle Macarena, que albergaba el centro ocupado y autogestionado Cajas Viejas, y que, actualmente, se encuentran en prisión preventiva. Banderas republicanas y arco iris, militantes del movimiento LGTBI, independentistas del Sur planteando la ¿utópica? Nación Andaluza, integrantes de asociaciones por la Memoria Histórica demandando la apertura e investigación en las fosas comunes del franquismo, colectivos antitaurinos... «Andalucía está a la cabeza de lo peor y a la cola de lo mejor. Contra el capitalismo y contra el patriarcado. ¡Viva la República!» vociferaban frente al Teatro de la Maestranza, donde Niña Pastori cantaba el Himno de Andalucía y la calefacción mantenía caldeadas y calmadas las almas y... también los pensamientos.


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