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Obituario

Adiós a Dolores la de Los Remedios, un emblema cofrade en Los Palacios

Muere a los 88 años Dolores Domínguez Pérez, la mujer que vendió papeletas hasta para comprarle un manto a la Virgen y que convirtió su grito popular en un himno reducido a un verso: “¡Viva la Virgen de los Remedios!”

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
29 dic 2021 / 11:21 h - Actualizado: 29 dic 2021 / 11:37 h.
"Obituario"
  • Dolores la de Los Remedios. / Foto: Manuel Gallego
    Dolores la de Los Remedios. / Foto: Manuel Gallego

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El mundo cofrade palaciego está hoy de luto. No solo la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, María Santísima de los Remedios y Nuestro Padre Jesús Cautivo, sino todo el orbe cofrade de este pueblo del Bajo Guadalquivir. Se ha muerto, a los 88 años, la única mujer capaz de asegurar, sin levantar recelos, que “todas las Vírgenes son bonitas, pero como mi Reme, ninguna”. Lo decía con ese desparpajo cariñoso que a nadie podía molestar porque Dolores Domínguez Pérez, más conocida en el pueblo como “Dolores la de Los Remedios” había sido capaz de institucionalizar su amor por la Virgen María, a través de esta querida advocación remediadora, no solo en la capilla del Furraque, sino en todas partes.

A Dolores se la topaba todo el mundo por la plaza de abastos, en el ambulatorio, en una tienda de muebles, en un bar, en un parque o empujando su carrito de la compra por cualquier barrio del pueblo. Y ninguna circunstancia podía impedir que soltara al aire, como un pregón mínimo de fe, como un verso suelto de un poema mayor, más íntimo y verdadero, aquella hermosa declaración: “¡Viva la Virgen de los Remedios!”. Los que la oíamos nos reíamos cariñosamente a continuación, y muchos de nosotros musitábamos “¡Viva!” para nuestros adentros, deseando que viviera no como otra institución cofrade más, sino como el símbolo de una tierna fe, de un sólido compromiso con lo colectivo en forma de hermandad de veras, como una manera de entender la cristiandad que estaba realmente en peligro de extinción.

Adiós a Dolores la de Los Remedios, un emblema cofrade en Los Palacios
Dolores Domínguez, homenajeada.


Teniente Hermana Mayor

En el primer mandato del actual hermano mayor, Juan Gavira, Dolores –que aún no había cumplido los 80 años- llegó a ser teniente hermana mayor. Pero a ella le han dado igual los cargos y los títulos porque siempre ha hecho lo mismo: entregarse de lleno a su “Reme”, como ella ha llamado siempre cariñosamente a la titular de una cofradía que hoy ha lamentado solemnemente su pérdida. Mañana, antes del entierro, que será en la parroquia del Sagrado Corazón a las 11.00 de la mañana, su hermandad le dedicará un responso dentro de su capilla. “Se nos va una institución dentro de nuestra Hermandad, historia viva de la misma, siempre presente entre nosotros y perteneciente a todas las juntas de gobierno. Dolores era un símbolo”, ha recordado la cofradía más populosa del municipio en un comunicado difundido en sus redes sociales.

Adiós a Dolores la de Los Remedios, un emblema cofrade en Los Palacios


Memoria histórica

Dolores se marcha después de tres años consecutivos sin ver a su Reme haciendo la procesión del Jueves Santo. En la Semana Santa de 2019 amenazó la lluvia. En las dos últimas, la pandemia del Covid lo ha imposibilitado. Pero precisamente el último Jueves Santo, el pasado 1 de abril, su hermandad le dedicó un acto de pura memoria histórica. Tras la tradicional ofrenda floral de aquella jornada sin procesiones, se descubrió una placa conmemorativa en su honor para homenajearla para siempre. Ahí sigue, en un lateral de la capilla. “Y en vida”, subrayó aquel día –hace exactamente nueve meses- el hermano mayor. “Porque no queríamos hacerle un homenaje después, como pasa otras veces”.

Adiós a Dolores la de Los Remedios, un emblema cofrade en Los Palacios
Foto: Manuel Gallego


De la humildad al esplendor

Hace más de medio siglo, la Hermandad de la Vera Cruz no era precisamente ni la más esplendorosa ni la más populosa. En los años 70, Dolores, que todavía no había enviudado de Juan –era una pareja entregada a la causa de su Virgen-, era capaz ella sola de calzarse con unas alpargatas y recorrer todo el pueblo para vender papeletas con las que sufragar un manto para la Virgen. Ese manto se expuso precisamente en el acto de homenaje que se le rindió el pasado Jueves Santo.

Aquel día, por la edad y los achaques, seguramente Dolores no fue consciente al cien por cien del cariño que se le profesaba, pero mereció la pena verla coger los ramos de flores, sonreír como una niña, agradecer las atenciones, que nunca alcanzarían a las que ella tuvo con la Hermandad, donde todos la han considerado como una mamá grande. “Nos ha criado a todos”, decían aquel día en el acto grandes y pequeños. “Yo recuerdo, siendo un niño, venir aquí y ver siempre a Dolores entregada, hace años con su marido, Juan; vivían absolutamente para la Virgen”, recuerda Gavira.

La silla de ruedas en la que el propio hermano mayor la llevaba en sus últimas procesiones en medio del cortejo se antojaba un trono de la Humildad y Paciencia, una lección de vida para seguir aprendiendo ahora incluso en tiempos de pandemia. De esa silla de ruedas se ha levantado hoy para entrar en la Gloria por su propio pie. Descanse en Paz.


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