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Alimentación

Al pan, pan...

Hoy se celebra el Día Internacional de uno de los alimentos más básicos e históricos de la Humanidad, cuyo simbolismo y diversidad no decae a pesar de los años

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
16 oct 2020 / 16:44 h - Actualizado: 16 oct 2020 / 16:47 h.
"Alimentación"
  • Foto: E.P.
    Foto: E.P.

Hoy, 16 de octubre, se celebra el Día Internacional del Pan. Tal celebración fue creada en 2006 por la Union Internacional de la Boulangiere et de la Boulangiere-Pàtisserie (UIB), conocida por aquí como la Federación Internacional de Panaderos. Mucho parece haber tardado la Historia en dedicarle una jornada a nivel mundial a uno de sus alimentos más básicos, que se dedica a compartir el trabajo de los panaderos e intercambiar opiniones sobre la materia prima con la que se elaboran tantas variedades, cada vez más, porque el pan puede ser un alimento antiguo pero no anticuado. Solo en España se contabilizan actualmente cientos de tipos, que parten de los tradicionales: el de trigo (blanco o integral), el de maíz (sin gluten e ideal para quienes tienen alto el ácido úrico y los celíacos), el de centeno (con otras harinas que le dan una consistencia más esponjosa, aunque de sabor algo amargo), el de germinado (con la propia semilla del cereal germinado y, por tanto, sin levadura), o el de espelta (para los intolerantes al trigo, con más fibra y menos gluten). El pan también va por barrios, o por comarcas españolas, porque en poco se parece el pan de papa que se hace en Canarias precisamente con ese tubérculo tan recurrente al pan payés catalán, que tiene mucha menos grasa que otros, como el pan Fabiola de Valladolid o el pan de broa gallego, por ejemplo, por no mencionar el pan Manolete de Cádiz o el pan Bendito de Castilla, con manteca de cerdo y el mejor aceite de oliva...

El pan no es solo uno de los primeros alimentos procesados en la Historia del ser humano, junto al aceite o el vino. Es conocido el refrán para reclamar claridad: al pan, pan; y al vino, vino. Los egipcios descubrieron accidentalmente que si la masa se fermentaba, se lograba un leudado y un sabor mayor. Los griegos le añadieron todo tipo de cereales y formas de elaboración, y experimentaron con todo tipo de hornos. Los romanos mejoraron las máquinas de amasar y fueron los primeros en constituir un colegio oficial de panaderos.

Es tan antiguo el pan, tan de andar por casa, que la propia palabra “compañero” comparte etimología con él: básicamente es mi com-pañ-ero con quien comparto el pan. Un pan, por cierto, que aprovecha el propio Cristianismo desde hace dos milenios para convertirlo en símbolo máximo de la divinidad: Pan de Vida, que representa, en metáfora retorcida, al Cuerpo de Cristo, al Hijo de Dios, es decir, a Dios. Al Imperio Romano se le terminó achacando aquel Panem et circenses por el que ya se era consciente, hace tanto, de que la clave contra la rebeldía popular o las justas reivindicaciones sociales radicaba casi siempre en darle al pueblo pan y circo, con todas sus variantes a lo largo de los siglos. En estos últimos, desde las grandes revoluciones que ha capitaneado la Francesa, el lema reivindicador por antonomasia ha vuelto a ser “pan y techo”, si bien el mundo se ha acostumbrado a que no haya pan para todos, merced a un mal reparto que divide al propio mundo en primero y tercero. Hay otro refrán que lo resume mejor: Dame pan y dime tonto.


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