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Cerro Blanco, un barrio marcado por la marginalidad

La zona se ha ido convirtiendo con el tiempo en uno de los lugares más marginales de Dos Hermanas, junto con la de Los Potros

02 oct 2017 / 22:38 h - Actualizado: 02 oct 2017 / 22:47 h.
  • Periodistas ayer ante la casa donde se localizaron los cuerpos. / F. G.
    Periodistas ayer ante la casa donde se localizaron los cuerpos. / F. G.

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La calle Cerro Blanco nace de la continuación de la denominada Real Utrera, que parte, en este último caso, desde el mismo centro de Dos Hermanas, justo al lado de la Capilla de Santa Ana, lugar que dio origen a esta ciudad. Y es tan larga que se pierde precisamente en el viejo camino que la conduce hasta dicha localidad utrerana, muy concurrida por cuantos acuden en peregrinación hasta el Santuario de Consolación.

Quienes así lo hacen deben pasar necesariamente por la calle Cerro Blanco, que, al ser una calle principal, acabó dando nombre a todo un barrio que fue creciendo a su alrededor y que con el tiempo una de sus zonas, la más alejada del centro de la ciudad, se fue convirtiendo en uno de los lugares más marginales de Dos Hermanas, junto con la de Los Potros.

Se trata de dos reductos que, al igual que como ocurre en Sevilla capital con zonas como Las Tres Mil o El Vacie, se estructura en torno a viviendas de una sola planta, de construcciones muy simples, y que se encuentran habitadas en una gran parte por familias con nulos recursos económicos, que tratan de salir adelante con trabajos muy temporales, en muchos casos gracias a contratos que llegan desde el Ayuntamiento por los programas de empleo de la Junta o la Diputación, o con los que se conocen como chapús, que no es otra cosa que hacer algún arreglo a cambio de un poco de dinero.

Pero la gran mayoría de la gente honrada que lo habita, no impide que se introduzcan entre ellas personas que, en algunos casos, proceden del mundo de la delincuencia, y especialmente dedicadas al tráfico de drogas, a pequeña o gran escala, y, en algún caso, al de armas.

Esto ha hecho que la fama de Cerro Blanco en la ciudad y, consecuentemente, en el resto de la provincia, no sea excesivamente buena, ya que además es frecuente que las operaciones policiales contra el tráfico de drogas, entre otros, sean recogidas por los medios de comunicación y que, por tanto, se difundan a los cuatro vientos.

Y ahora el tremendo hecho conocido este fin de semana, y que ha desembocado en el descubrimiento de tres cuerpos enterrados en sosa cáustica y ocultos en un pozo ciego que se encontraba tapado y relleno con kilos de hormigón, hará sin duda que el nombre de Cerro Blanco quede ya grabado en la memoria de muchos como el lugar donde sucedió uno de esos sucesos que estremecen nada más pensarlo.

Como barrio humilde que es, y en algunas partes incluso marginal, en Cerro Blanco es frecuente presenciar escenas imposibles de pensar en el resto de la ciudad, como peleas de gallo o de perros, o que muchos de sus contenedores salgan ardiendo en invierno una noche sí y otra también debido a que en bastantes casas se sigue usando cisco para calentarse, que luego, aún con rescoldos, es arrojado a dichos recipientes. Y, claro, ajustes de cuenta de los trapicheos de drogas que en algún caso ha acabado en tiroteos.

Muchos de los vecinos de la casa 168 de dicha calle han vivido estas últimas horas en medio del sobresalto que supone que la Policía registre una vivienda en busca de cuerpos que fueron asesinados y enterrados allí. A esto nadie se acostumbra, pero este extraordinario suceso no impide que permanezcan callados cuando los periodistas se acercan a ellos a preguntarles. Si acaso, dicen que conocían a alguien, pero solo de vista, porque ni recuerdan nombre, ni mote, ni oficio. Y en otros muchos casos prefieren resguardarse en el interior de su casa. Bastante tienen ya con lo que les rodea.


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